Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

viernes, 17 de julio de 2026

El alma de España


<p>Al igual que ocurrió en el 2010, el éxito de la selección nacional en el Mundial 2026 ha reavivado algo que parece dormitar en la conciencia de los españoles: las ascuas de un fuego aún no extinguido del todo, esto es, nuestro orgullo nacional. ¿Por qué resurge sólo en estas ocasiones?</p> <p>El logro de un grupo de jugadores procedentes de todos los rincones de España, unidos por un mismo objetivo y que se sienten parte de un mismo equipo, es todo un símbolo. Sin embargo, la identidad de una nación no puede nutrirse sólo de esporádicos éxitos deportivos, sino que, como un árbol, requiere de raíces profundas, es decir, de un pasado de cuyos éxitos pueda sentirse genuinamente orgullosa y de un destino compartido. También necesita de un tronco común, que incluye una lengua común, una religión, una ética, unas costumbres compartidas y una forma determinada de entender la sociedad y la familia. De ese tronco saldrán luego distintas ramas cuya diversidad embellece el conjunto, pero sin raíz y tronco comunes, ¿qué queda del árbol?</p> <p>Pues bien: España es una nación maltratada a la que desde hace décadas se le niegan sistemáticamente sus raíces y su tronco, por lo que no es de extrañar que haya perdido su sentido de pertenencia, su identidad y su autoestima.</p> <p>En efecto, las raíces de una nación son su historia. En este sentido, los dos principales hitos de nuestra Historia, unánimemente considerados como tales hasta bien entrado el s. XX, son la Reconquista y la Conquista de América. Estos éxitos, de extraordinario calado, constituyen los cimientos sobre los que se basa nuestra nación y, precisamente por serlo, han sido denigrados durante las últimas décadas por los enemigos de España, conscientes de que, si destruyes los cimientos identitarios de un país, éste se desmoronará como un castillo de naipes.</p> <h2><strong>La Reconquista</strong></h2> <p>En el 711 España sufre una primera invasión musulmana bajo el califato omeya. En dos décadas, las tropas norteafricanas logran conquistar toda la Península salvo la cornisa cantábrica, y, en su empuje, llegan hasta Francia, donde son brusca y definitivamente frenadas por Carlos Martel en la batalla de Poitiers (732). Los franceses tuvieron más suerte entonces que ahora.</p> <p>Desde ese momento y hasta la toma de Granada por parte de los Reyes Católicos en 1492, la marea musulmana será contrarrestada por una marea cristiana que reconquistará todo el territorio perdido. Para el historiador norteamericano Stanley Payne, «no ha habido ningún otro caso en el que, después de que un reino fuera conquistado por cualquier otra civilización extranjera para ser no sólo sometido, sino profundamente transformado y aculturado por esa civilización foránea, dicho reino fuera, sólo siglos después, totalmente recuperado por los vestigios del reino conquistado, que no se conformó con imponerse a los invasores, sino que aculturó de nuevo todo el territorio extirpando finalmente la civilización atacante»<a href="https://www.fpcs.es/#_ftn1">[1]</a>.</p> <p>Sin duda, la reconquista no fue lineal en el tiempo, manteniendo siempre una vertiente política de lucha de poder entre reyes cristianos —muchas veces por conflictos hereditarios—, de alianzas temporales entre cristianos y musulmanes para combatir a sus respectivos enemigos y de vasallajes económicos que sustituían al conflicto armado y ralentizaban el ritmo de la Reconquista. De hecho, ésta prácticamente había finalizado en 1270 tras la toma de Sevilla por parte del rey Fernando III el Santo y las posteriores conquistas de su hijo Alfonso X el Sabio, y, sin embargo, la conquista del reino de Granada se retrasaría aún dos siglos.</p> <p>Dicho eso, la columna vertebral de ese movimiento de liberación multisecular llamado Reconquista fue el rechazo a un sistema político-religioso (una hierocracia) tremendamente opresivo para la población cristiana. En este sentido, la ocupación musulmana de España tuvo muchas más sombras que luces. Si bien no se produjo una persecución sangrienta sistemática de cristianos —como sí se produciría de forma salvaje en el genocidio católico perpetrado por socialistas, comunistas y anarquistas en pleno siglo XX—, la mayoría cristiana fue sometida y discriminada por la minoría musulmana en el poder. Esto ocurrió desde el principio, pues la dinastía omeya, con sus «inquisiciones, decapitaciones, empalamientos y crucifixiones»<a href="https://www.fpcs.es/#_ftn2">[2]</a>, no fue más permisiva y avanzada que la posterior dominación de almorávides y almohades, como suele argumentarse. Entre otras cosas, «bajo los Omeyas, Al-Ándalus se convirtió en un centro mundial para el comercio y distribución de esclavos: muy jóvenes esclavas sexuales, esclavos castrados para servir de eunucos en los harenes, niños utilizados como juguetes sexuales de los poderosos…»<a href="https://www.fpcs.es/#_ftn3">[3]</a>. Muy civilizado todo, como pueden observar.</p> <p>En Al-Ándalus existía una inferioridad jurídica del cristiano: por ejemplo, si un musulmán mataba a un cristiano no debía ser castigado con la muerte, pero si un cristiano mataba a un musulmán libre, aunque fuera en defensa propia, debía ser ejecutado<a href="https://www.fpcs.es/#_ftn4">[4]</a>. Asimismo, los hogares cristianos pagaban muchos más impuestos que los musulmanes, y sus actividades religiosas quedaban restringidas. No se permitía la construcción de nuevas iglesias, «prohibiéndose el toque de campanas y cualquier otra actividad fuera de los templos». Asimismo, «las actividades de proselitismo dirigidas a musulmanes estaban penadas con la muerte y cualquier musulmán que se convirtiera era susceptible de recibir también la pena capital». Cabe añadir que, a mediados del siglo IX, «judíos y cristianos debían llevar una indumentaria especial para indicar su religión, no podían casarse con musulmanas, carecían de igualdad en los procesos judiciales y tenían que ceder el asiento siempre que un musulmán quisiera ocuparlo»<a href="https://www.fpcs.es/#_ftn5">[5]</a>. Por todo ello, sorprende poco que el arabista Serafín Fanjul calificara el sistema político en Al-Ándalus de «apartheid»<a href="https://www.fpcs.es/#_ftn6">[6]</a>.</p> <h2><strong>La quimera de Al-Ándalus</strong></h2> <p>Después de lo dicho, quedará claro que, tras el intento de crear el mito rosa de «la convivencia de las tres culturas» o, más bien, «la quimera de Al-Ándalus»<a href="https://www.fpcs.es/#_ftn7">[7]</a> —en palabras del arabista Serafín Fanjul—, subyace una cierta cristianofobia que dejaría en mal lugar a la sociedad cristiana frente a la supuestamente superior civilización musulmana. Prueba de ello es que la época de tolerancia es referida por sus propagandistas sólo a los territorios dominados por el islam, pero nunca a los territorios reconquistados por el cristianismo, donde la tolerancia religiosa hacia los musulmanes, aun siendo muy relativa, fue sin embargo mucho mayor que a la inversa.</p> <p>La diferencia entre la sociedad cristiana y la musulmana tenía un carácter religioso y cultural. Por eso, más que de una convivencia se trató de un «choque de civilizaciones», como acertadamente apunta el historiador medieval Armando Besga. En efecto, cristianos y musulmanes «se diferenciaban en casi todo». En el derecho de familia, por ejemplo, nada tenía que ver la monogamia con la poligamia. De hecho, «el matrimonio musulmán no era <em>por la mezquita</em>, sino una compraventa de una mujer; por no hablar de las concubinas, normalmente esclavas sexuales, cuyo número no estaba limitado». Por otro lado, el repudio era muy fácil en el islam, mientras que tanto el concubinato como el divorcio están prohibidos por el cristianismo. Tal y como lo describe este historiador, desde el punto de vista religioso también existían profundas diferencias escatológicas, pues tampoco era lo mismo desear «reunirte con tu cónyuge en la otra vida que considerar que esa existencia transcurrirá con huríes, “esas vírgenes (…) creadas con el fin exclusivo de colmar de placer a los hombres bienaventurados”»<a href="https://www.fpcs.es/#_ftn8">[8]</a>.</p> <p>El experto medievalista Darío Fernández-Morera, doctor por Harvard, también desmonta la supuesta «convivencia de las tres culturas» en su detallada obra <em>El mito del paraíso andalusí</em>, basada en fuentes primarias de la época, cuyo objetivo explícito es «cuestionar la creencia ampliamente difundida de que fue un lugar maravilloso de tolerancia y diversidad de las “tres culturas” bajo la supervisión benevolente de ilustrados gobernantes musulmanes que reemplazaron, de manera bastante pacífica, una preexistente cultura cristiana muy pobre con una brillante civilización multicultural»<a href="https://www.fpcs.es/#_ftn9">[9]</a>.</p> <p>Sin embargo, quizá el debate definitivo sobre Al-Ándalus fue el que se produjo a mediados del siglo XX entre el filólogo Américo Castro y el historiador y académico Claudio Sánchez-Albornoz, que este ganó de forma rotunda con su obra <em>España: un enigma histórico</em> (1956). Por eso, cuando un anciano Sánchez-Albornoz fue preguntado al respecto a su vuelta a España tras haber sido presidente del gobierno de la República en el exilio, no pudo evitar exteriorizar su impaciencia: «Estoy habituado a la estúpida negativa de que a los largos siglos que median entre la batalla de Covadonga y la rendición de Granada deban llamarse Reconquista. Sin la Reconquista, nuestra historia moderna sería inexplicable. Para mal de España entraron los islamitas en ella, y para nuestro bien fueron vencidos y expulsados». Y dirigiéndose a los andaluces en vísperas de la creación de la Comunidad Autónoma, les dijo: «El motivo por el que vosotros, amigos andaluces, podréis gozar de la autonomía política que ahora deseáis es que los cristianos norteños conquistaron Andalucía, la del Guadalquivir, primero, y la granadina, después. Es decir: que sólo por ser nietos de los conquistadores cristianos podréis vivir autónomos dentro de España»<a href="https://www.fpcs.es/#_ftn10">[10]</a>.</p> <p>Pues bien, los genios políticos de la Transición hicieron justo lo contrario: convirtieron en héroe regional a un desconocido Blas Infante (1885-1936), que identificaba Andalucía con el mito de Al-Ándalus y se había hecho musulmán en 1924, y seleccionaron la bandera por él diseñada (de color verde, símbolo del islam) como enseña de Andalucía.</p> <h2><strong>La conquista de América</strong></h2> <p>Por su parte, con sus muchas luces y algunas sombras, la conquista de América fue una gesta de tal magnitud que el historiador norteamericano Charles Lummis la describiría como «la más grande y la más maravillosa serie de valientes proezas que registra la Historia»<a href="https://www.fpcs.es/#_ftn11">[11]</a>. Así fue considerada también en todo el mundo hasta épocas bien recientes, cuando el indigenismo de corte marxista comenzó a mitificar a las civilizaciones precolombinas y a culpar a la Conquista —quinientos años más tarde— de los colosales fracasos de algunos países hispanoamericanos, como es el caso de México.</p> <p>Esto es un fenómeno nuevo, pues en la celebración del V centenario del descubrimiento de América en 1992 no hubo críticas a la Conquista por parte de los presidentes iberoamericanos presentes, antes bien al contrario: el tono de aquel encuentro fue tan distinto a las tonterías que escuchamos hoy que cuesta creer que hayan pasado sólo tres décadas: «Nos reunimos a los quinientos años del encuentro de dos mundos, a lo largo de los cuales se han ido forjando los vínculos que nos hacen reconocernos hoy como miembros de una comunidad»<a href="https://www.fpcs.es/#_ftn12">[12]</a>.</p> <p>La proeza sin igual que llevó a cabo España en la Conquista tiene varias vertientes. La primera es la náutica: por primera vez en la Historia, tres navíos se aventuraron mar adentro en un viaje de 3.600 millas náuticas sin saber si encontrarían tierra al otro lado. A efectos comparativos, ni la gesta de Bartolomé Díaz ni, desde luego, la supuesta travesía de 200 millas de Erik el Rojo desde Islandia a Groenlandia (un paseo por el parque) tuvieron el mismo mérito.</p> <p>La segunda proeza es militar, y tampoco tiene mucho parangón en la historia: al mando de unos pocos centenares de valientes y ayudado por miles de indígenas hartos de la sangrienta tiranía azteca, Cortés conquistó un imperio extensísimo y poderosísimo. Más tarde, Pizarro haría lo mismo en la gran civilización inca.</p> <p>La tercera proeza es civilizacional. Como escribí hace algún tiempo, «los conquistadores pasaron de la Europa de Aristóteles, Séneca, Santo Tomás de Aquino, Shakespeare o Cervantes, de Miguel Ángel y la basílica de san Pedro, a una cultura que no conocía el arado ni la rueda (inventada 6.000 años antes), y cuya arquitectura (que no conocía el arco de medio punto), si bien monumental, palidecía en comparación con las catedrales góticas o los templos griegos y romanos construidos siglos y milenios atrás. Pero el mayor choque fue que los españoles venían de una sociedad basada en el Derecho y ordenada por los principios cristianos y llegaron a una sociedad en la que decenas de miles de personas eran sacrificadas anualmente mientras la mayoría de la población vivía semi esclavizada. Un testigo como Bernal Díaz del Castillo relata cómo “cortaban brazos, piernas y muslos y se los comían como en nuestro país se come la carne de carnicería”»<a href="https://www.fpcs.es/#_ftn13">[13]</a><a href="https://www.fpcs.es/espana-y-mexico/#_ftn4"></a>.</p> <p>La labor civilizacional de España comenzó de inmediato. «El primer hospital fundado en Méjico (el Hospital de Jesús) fue construido en 1521; la primera escuela, en 1523, la primera Universidad, en 1553, y el primer diccionario español-náhuatl se publicó en 1555. Cuando Méjico se independizó en 1821 tras tres siglos de dominio español, su PIB per cápita era sólo un 25% inferior al de España (habiendo llegado a superarlo en períodos anteriores), su tasa de alfabetización era sólo un poco inferior y su esperanza de vida era muy parecida.</p> <p>A efectos comparativos, en la India, Inglaterra se dedicó a rapiñar y saquear todo lo que pudo sin mezclarse con la población nativa ni crear una sola escuela, hospital o universidad hasta bien entrado el s. XIX. Cuando la India se independizó en 1947 tras más de tres siglos de presencia inglesa, seguía siendo un país paupérrimo y analfabeto: su PIB per cápita era la décima parte del de Inglaterra (un 90% inferior), sólo un 12% de sus habitantes sabían leer y escribir (frente a un 95% de ingleses) y su esperanza de vida era de 32 años, frente a los 69 de Inglaterra»<a href="https://www.fpcs.es/#_ftn14">[14]</a>.</p> <p>No obstante, es la cuarta proeza de la Conquista la que puede considerarse de lejos la más trascendente. En efecto, de la mano de los sacerdotes y frailes que los acompañaban, los conquistadores españoles llevaron la bella religión cristiana a una sociedad que rendía culto a dioses “cuyos templos eran osarios invadidos por el hedor y las moscas y cuya ira debía ser apaciguada con la inmolación de vírgenes, niños y prisioneros a los que se arrancaba el corazón para embadurnar de sangre las paredes y luego precipitar los cadáveres fuera del edificio para que fueran devorados”<a href="https://www.fpcs.es/#_ftn15">[15]</a>.</p> <h2><strong>El alma de España es católica</strong></h2> <p>Sin embargo, lo más relevante es que la melodía de fondo que engarza las grandes gestas de nuestra historia es ésta: no existe en todo el mundo un país cuya historia esté tan inextricablemente unida a la religión católica como el nuestro. Por ello no debe sorprender que, en sus palabras de bienvenida a León XIV, el rey Felipe mencionara este hecho crucial: «La fe católica está enraizada en nuestro país y, sin ella, nuestra historia y nuestra cultura no se entenderían». Esto debería ayudar a comprender la importancia simbólica de que el propio rey acuda a la Misa de Pascua ―la celebración católica más importante del año― y a la ofrenda floral a Santiago, patrono de España.</p> <p>En efecto, el cristianismo llegó a España en el siglo I de manos de dos apóstoles, y desde los primeros Concilios de Toledo y la conversión del rey Recaredo en el 587 d. C. —hace casi 1.500 años— puede afirmarse que España ha sido católica.</p> <p>Por tanto, no debe sorprender que la ligazón entre España y la religión católica constituyera el cuerpo central del primer discurso de san Juan Pablo II en tierra española en 1982: «Vengo a encontrarme con una comunidad cristiana que se remonta a la época apostólica (…), una tierra objeto de los desvelos evangelizadores de san Pablo; que está bajo el patrocinio de Santiago (…); que propició la conversión a la fe de los pueblos visigodos; que vivió la empresa de la Reconquista; que descubrió y evangelizó América; que iluminó la ciencia desde Alcalá y Salamanca, y la teología en Trento». Y añadió: «Vengo atraído por una historia admirable (…): gracias sobre todo por esa simpar actividad evangelizadora [por la que] la porción más numerosa de la Iglesia de Cristo habla hoy y reza a Dios en español. Tras mis viajes apostólicos, sobre todo por tierras de Hispanoamérica y Filipinas, quiero decir: ¡Gracias, España (…)! Esa historia, a pesar de las lagunas y errores humanos, es digna de toda admiración y aprecio»<a href="https://www.fpcs.es/#_ftn16">[16]</a>.</p> <p>Dos décadas antes, en la conmemoración del XIX centenario de la llegada del apóstol Pablo a España, el papa san Pablo VI también se había dirigido agradecido a España por llevar la fe «a mundos lejanos, de lo que da testimonio el racimo de naciones que con tu lengua han recibido este don de dios», recordando ese «jalón inconmovible en la historia humana: el de completar el planeta y borrar los antiguos linderos del mundo»<a href="https://www.fpcs.es/#_ftn17">[17]</a>.</p> <p>Sin embargo, el clima cultural dominante hoy en día nos ha hecho olvidar todo esto. Prueba de ello es que el primer discurso del papa León en su reciente viaje a España cayó en la mitificación de Al-Ándalus y, lo que es más sorprendente, omitió toda mención a la Conquista de América a pesar de que, gracias a la labor evangelizadora de España, «heraldo del Evangelio y paladín del catolicismo», en palabras de san Juan XXIII, casi la mitad de los católicos del mundo rezan hoy a Dios en nuestro idioma<a href="https://www.fpcs.es/#_ftn18">[18]</a>.</p> <h2><strong>Recuperar nuestro orgullo de ser españoles</strong></h2> <p>La identidad española está siendo socavada desde hace décadas por nuestros rivales extranjeros, por los separatismos regionales y por la ingeniería social puesta en marcha por esa parte del izquierdismo masónico que odia la fe católica ―lo que le conduce indefectiblemente al antipatriotismo―. Dicha ingeniería social, consolidada por ese falso partido de derechas llamado PP, busca destruir cualquier vestigio de nuestra diversa cultura identitaria y, en última instancia, el alma católica de España.</p> <p>Sin duda, la visión negativa de nuestra historia de este espectro político refleja también una reacción pendular frente al hecho de que la dictadura franquista adornara ciertos acontecimientos históricos como núcleo de su nacionalcatolicismo, aunque, en honor a la verdad, debo decir que la versión sesgada de nuestra historia defendida por el franquismo era muchísimo más veraz y respetuosa con los hechos históricos que el «Himalaya de falsedades» (Besteiro <em>dixit</em>) propugnados hoy desde el pensamiento político dominante.</p> <p>Está en nuestras manos revertir el proceso. Podemos soplar sobre estas ascuas y despertar ese fuego interior de nuestro orgullo nacional que aún pervive dentro de nosotros, sin chauvinismos excluyentes, pero sin complejos. Posiblemente no sea esta una lucha política, sino cultural, moral y espiritual, pero una cosa debemos tener clara: la propia existencia de España depende de ello.</p> <div> <p><a href="https://www.fpcs.es/#_ftnref1">[1]</a> S. Payne. <em>España: una historia única</em> (Espasa, 2020), 117.<br><a href="https://www.fpcs.es/#_ftnref2">[2]</a> D. Fernández-Morera. <em>El mito del paraíso andalusí </em>(Almuzara, 2023).<br><a href="https://www.fpcs.es/#_ftnref3">[3]</a> Ibid. 220.<br><a href="https://www.fpcs.es/#_ftnref4">[4]</a> Ibid.<br><a href="https://www.fpcs.es/#_ftnref5">[5]</a> S. Payne, op. cit. 94.<br><a href="https://www.fpcs.es/#_ftnref6">[6]</a> S. Fanjul, op. cit.<br><a href="https://www.fpcs.es/#_ftnref7">[7]</a> S. Fanjul. <em>La quimera de Al-Ándalus</em> (Siglo XXI de España Editores, 2003).<br><a href="https://www.fpcs.es/#_ftnref8">[8]</a> A. Besga. <em>La reconquista: la restauración de España</em> (Letras inquietas, 2022).<br><a href="https://www.fpcs.es/#_ftnref9">[9]</a> D. Fernández-Morera. <em>El mito del paraíso andalusí </em>(Almuzara, 2023).<br><a href="https://www.fpcs.es/#_ftnref10">[10]</a> Citado por A. Besga op. cit.<br><a href="https://www.fpcs.es/#_ftnref11">[11]</a> C. Lummis. <em>Exploradores españoles del siglo XVI</em> (Edaf, 2017) 11.<br><a href="https://www.fpcs.es/#_ftnref12">[12]</a> <a href="https://eulacfoundation.org/system/files/digital_library/2023-07/2%C2%AA%20Cumbre%20Iberoamericana%20de%20Jefes%20de%20Estado%20y%20de%20Gobierno%20-%20Declaraci%C3%B3n%20de%20Madrid%2C%20Espa%C3%B1a%2C%2023-24%20de%20julio%20de%201992.pdf">Segunda Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno</a><br><a href="https://www.fpcs.es/#_ftnref13">[13]</a> <a href="https://www.fpcs.es/espana-y-mexico/">España y México – Fernando del Pino Calvo-Sotelo</a><br><a href="https://www.fpcs.es/#_ftnref14">[14]</a> <a href="https://www.fpcs.es/cuando-volvera-espana-a-respetarse-a-si-misma/">¿Cuándo volverá España a respetarse a sí misma? – Fernando del Pino Calvo-Sotelo</a><br><a href="https://www.fpcs.es/#_ftnref15">[15]</a> Jean Sévillia. <em>Históricamente Incorrecto</em> (Criteria 2009).<br><a href="https://www.fpcs.es/#_ftnref16">[16]</a> <a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/speeches/1982/october/documents/hf_jp-ii_spe_19821031_arrivo-spagna.html">Ceremonia de bienvenida en el aeropuerto de Barajas (Madrid, 31 de octubre de 1982)</a><br><a href="https://www.fpcs.es/#_ftnref17">[17]</a> <a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/speeches/1964/documents/hf_p-vi_spe_19640126_san-paolo-spagna.html">Radiomensaje con motivo del XIX centenario de la llegada de san Pablo a España (26 de enero de 1964)</a><br><a href="https://www.fpcs.es/#_ftnref18">[18]</a> <a href="https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es/messages/pont_messages/1961/documents/hf_j-xxiii_mes_19610924_congr-eucar-spagna.html">Radiomensaje a los fieles españoles con motivo de la clausura del V Congreso Eucarístico Nacional (24 de septiembre de 1961)</a></p> <p></p> </div> <p></p> <p>La entrada <a href="https://www.fpcs.es/el-alma-de-espana/">El alma de España</a> se publicó primero en <a href="https://www.fpcs.es">fpcs</a>.</p> <p><a href="https://www.fpcs.es/el-alma-de-espana/" target="_blank">- Enlace a artículo -</a></p> <p>Más info en https://ift.tt/KhgFHXV / Tfno. & WA 607725547 Centro MENADEL (Frasco Martín) Psicología Clínica y Tradicional en Mijas. #Menadel #Psicología #Clínica #Tradicional #MijasPueblo</p> <p>*No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos. 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