Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

lunes, 27 de julio de 2026

Saciedad, monarca absoluta


<h4>Creemos que es suficiente con tener un plato de comida, pero ignoramos las consecuencias de no desear comerlo. Como nos adelantó San Agustín en sus <i>Confesiones: </i>«El placer de comer y beber no existe en absoluto a menos que le preceda la molestia del hambre y la sed».</h4> <p><span></span></p> <p> </p> <blockquote> <p><span>«…</span>No os asustéis madre</p> <p>y amigos de una mano sola</p> <p>que este delirio soporta la piedra</p> <p>de nuestra cultura: el amor …Y dios lo quiere para él</p> <p>como el vecino de al lado…»</p> <p><strong>Pureza Canelo en <i>Pasión Inédita </i>(1990)</strong></p> <p> </p> <p> </p></blockquote> <p>Muchas son las cosas que hace uno en época de escasez, a menudo, imaginar la abundancia futura que podrá disfrutar o invocarla de alguna forma. Y, aunque bien es cierto que muchos pueden vivir estoicamente sin necesidad de grandes lujos, hay un bien del que pocos pueden prescindir: el alimento; y en relación con este, el hambre. No me refiero al que podría sentir uno hacia la comida, sino al deseo o inclinación por nutrir al <i>hombre interior</i>. Para amar y conocer, ejes fundamentales del espíritu, es necesario sentir hambre de lo otro, lo que aún <i>no es </i>y, aunque esto no sea estrictamente una condición necesaria para alimentarse, al menos es un indicador de necesidad, un anhelo de acción.</p> <p>He podido observar a mi alrededor cómo cada vez es más común que se dé, entre colegas y amigos, una sensación de indigestión emocional ante dos fenómenos que tienen que ver con el amor y con el conocimiento: el exceso de vínculos insustanciales y la desorientación intelectual. Y es que, aunque conocer y amar en apariencia no compartan un punto de unión, es casi imposible conseguir una cosa sin la otra. Esta idea la encontramos arraigada en el corazón del pensamiento agustiniano. Para San Agustín, solo el corazón de los hombres, amando —tendiendo a Dios, a lo absoluto, a lo trascendente, como prefiramos denominarlo— se sentirá preparado para conocer y, de este modo, saciado. Sin embargo, aquellos que en lugar de vivir en este amor se direccion en hacia lo mundano o <i>inferior</i>, serán invadidos por la culpa. Puede que esta sensación de desasosiego tan actual, pensando junto a San Agustín, no sea más que una conciencia interna de una traición a sí mismo, ya que, aun sabiendo que uno puede ir en la dirección del amor, pone sus esfuerzos en la mundanidad. Los vínculos intrascendentes, pero abundantes, funcionan casi como límite al crecimiento del amor, suponen un no mirar, un no querer ver que esto que se tiene es insuficiente. Del mismo modo, la información superficial no es un verdadero conocimiento del mundo ni de las cosas. Estamos llenos de estímulos, fruto de aceptar aquello muy inferior a lo que podríamos amar o conocer. Y lo aceptamos, en ocasiones, porque es más fácil.</p> <blockquote> <p>Para San Agustín, solo el corazón de los hombres, amando —tendiendo a Dios, a lo absoluto, a lo trascendente, como prefiramos denominarlo— se sentirá preparado para conocer y, de este modo, saciado.</p> </blockquote> <p>Esta occidental lucha interior entre virtud/mente y placer/cuerpo sienta sus bases en Platón:</p> <p>«Digamos, pues, que el alma se parece a las fuerzas combinadas de un tronco de caballos y un cochero; los corceles y los cocheros de las almas divina son excelentes y de buena raza, pero, en los demás seres, su naturaleza está mezclada de bien y de mal. Por esta razón, en la especie humana, el cochero dirige dos corceles, uno excelente y de buena raza, y el otro muy diferente del primero y de un origen también muy diferente ; y un tronco semejante no puede dejar de ser penoso y difícil de guiar» (<i>Fedro</i>, Platón).</p> <p>San Agustín parece continuar este fragmento bajo una óptica distinta, de la que parece surgir una conciencia de la maleabilidad interior del alma, en Platón, inamovible:</p> <p>«Por eso, no es una cosa monstruosa querer en parte y en parte no querer. Es una debilidad del alma. Oprimida por el peso de la costumbre, el alma no se levanta toda entera hacia donde la eleva la verdad. Hay en ella dos voluntades, porque ninguna de ellas es total y así una tiene lo que a la otra le falta<span>»</span> (<i>Confesiones </i>IX)</p> <div style="width:941px;"><img src="https://elhombreylodivino.com/wp-content/uploads/2026/07/Bodegon-con-vaso-de-plata-y-reloj.jpg" alt="" width="931" height="836"><p>«Bodegón con vaso de plata y reloj» (1630), de Willem Claesz Heda. ©Museo Nacional del Prado</p></div> <p>Para el místico, la verdad ocupa un lugar crucial, ya que si el alma se da a sí misma una falsa orden, una orden de la que no está del todo convencida, no actuará en consecuencia. Quizá por esto salir de la dinámica de la saciedad nos cueste tanto al encontrarnos<i> oprimidos por el peso de la costumbre</i> y por no querer mirar la verdad desnuda. No obstante, el hiponense también nos da esperanzas de paz afirmando que, al deliberar, el alma alcanza la unidad superando la disputa: «el alma, impulsada por distintas voluntades, es una sola cuando uno delibera» (<i><a href="https://www.akal.com/libro/las-confesiones_51817/">Confesiones</a>, </i>III).</p> <p>Los pensadores helenísticos creían que la sabiduría estaba completamente desligada de las pasiones y que la razón era la única vía para adquirir el conocimiento verdadero. Este pensamiento afirmaba dos aspectos diferenciados en el hombre: el amante y el cognoscitivo. En ese contexto uno podría preguntarse ¿es mejor amar o conocer? Sin embargo, San Agustín defendió la codependencia de ambos: no se puede conocer sin amar.<span>  </span>Lo interesante y necesario a mi juicio, del pensamiento agustiniano hoy en día, es que necesitamos su apertura, su paciencia para aceptar lo distinto. ¿A qué puede deberse este exceso de relaciones consumibles y este conocimiento superficial de las cosas? Quizás a estar cada vez más acostumbrados a pedir a la carta, a ser incapaces de asumir la particularidad de cada individuo por ser esta impredecible.</p> <blockquote> <p>Pienso que en el amor, como en el conocimiento, todos somos el que busca, de algún modo, a un ausente que en realidad está junto a nosotros.</p> </blockquote> <p>Alain Corbin y Hervé Mazurel, en su obra <i>Historia de las sensibilidades</i> (Acantilado, 2026) hacen un recorrido a través del surgimiento de esta rama de la historia encargada de conocer las modificaciones culturales de la sensibilidad. La ruptura epistemológica de San Agustín pudo deberse, tal y como retrata Mazurel, a esa «revolución silenciosa que avanza a paso de tortuga hasta que, de repente, es posible entrever una prohibición o el nacimiento de un pudor desconocido […] testimonio del surgimiento de una nueva sensibilidad». Y es que, el pensamiento amoroso agustiniano y sus ulteriores desarrollos e integraciones en la cultura europea cambiaron, sin duda, el lugar que ocupa el amor-hambre en el cuerpo del sabio.</p> <p>Cuando pedimos una clase determinada de amor no estamos abiertos a recibir el amor que el otro nos da, es decir, a entender su particularidad. Esta forma de exigir, lejos de ser fértil, es una receta para la infertilidad, ya que uno no puede cultivar nada si quema previamente la tierra. Yo me entrego al otro porque <i>necesito </i>conocerlo, porque el amor es también una sed de conocimiento. De ahí que los enamorados quieran conocerse hasta en los aspectos más íntimos. ¿Qué puede uno conocer si ya sabe lo que <i>no</i> quiere conocer? Si uno lee y se entrega al conocimiento, investigará incluso más allá de sus propias limitaciones ideológicas, verá las cosas en estado naciente. Si no existe dicha entrega, difícilmente se dejará atravesar por un conocimiento que le incomode, porque el conocimiento, como el amor, requiere tiempo, paciencia y entrega, entrega absoluta que provoca, de nuevo, incertidumbre y vértigo.</p> <blockquote><p>Debemos llevar por dentro, en palabras de Lorca, <i>una azucena imposible de regar.</i></p></blockquote> <p>Decía <a href="https://elhombreylodivino.com/job-la-ultima-palabra-de-el-hombre-y-lo-divino/">María Zambrano</a> a comienzos de <i>El hombre y lo divino</i> que «el individuo se libera al dar a ver lo que él ve, dando lo que se le da». Es importante la palabra <i>liberación</i> aquí, que se entiende como la entrega de lo más propio: la visión. El conocimiento es entendido así como el regalo de una parte íntima del ser de cada cual. Quizá para aceptar todo esto sea imprescindible la apertura que nos da la fe y el hambre insaciable de lo divino, como en aquellos versos del <i>Cántico espiritual</i>: «Vuélvete, paloma / que el ciervo vulnerado / por el otero asoma / al aire de tu vuelo, y fresco toma».</p> <p>Pienso que en el amor, como en el conocimiento, todos somos el que busca, de algún modo, a un ausente que en realidad está junto a nosotros. Es decir, para ver al otro uno tiene primero que crear el espacio para dejarlo acontecer; un vacío en el que pueda surgir la atención, porque el ciervo está siempre en el otero, mirando a la desesperada e incrédula esposa presa de la angustia —ojos saciados— que no lo ve.</p> <p>Debemos llevar por dentro, en palabras de Lorca, <i>una azucena imposible de regar.</i></p> <p><a href="https://elhombreylodivino.com/saciedad-monarca-absoluta-hambre-amar/" target="_blank">- Enlace a artículo -</a></p> <p>Más info en https://ift.tt/aMBGKQA / Tfno. & WA 607725547 Centro MENADEL (Frasco Martín) Psicología Clínica y Tradicional en Mijas. #Menadel #Psicología #Clínica #Tradicional #MijasPueblo</p> <p>*No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos. No todo es lo que parece.</p>

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