Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

domingo, 26 de julio de 2026

Juan Manuel de Prada, un pensador tradicionalista frente al R78


<p>Solo hemos mencionado en una ocasión al gran <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/juan-manuel-de-prada/" title="Juan Manuel de Prada"><span><strong>Juan Manuel de Prada</strong></span></a></span> (1970) en los artículos de nuestro blog, <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/dostoyevski-moodernidad-nihilismo/">concretamente en el texto dedicado a <strong>Fiodor Dostoievsky</strong></a>, en relación al concepto de «inactual», asimilado a «raro», y en última instancia como sinónimo de ir a contracorriente, de mostrarse transgresor con los tiempos actuales, respecto a la modernidad, como la expresión de una actitud existencial, y que tiene sus orígenes en el pensamiento de <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/friedrich-nietzsche/" title="Friedrich Nietzsche"><span><strong>Friedrich Nietzsche,</strong></span></a></span> tal y como señala en <em><span><a href="https://www.amazon.es/dp/8568259227?tag=hiperjanus-21"><span>Schopenhauer como educador</span></a></span></em> cuando dice aquello de que «<em>actuar de una forma inactual, o sea contra el tiempo, y a partir de ahí incluso sobre el tiempo, en favor (así lo espero) de un tiempo futuro</em>», aunque nuestro autor lo resignifica dentro de un contexto y un horizonte católico y tradicional.</p> <p>No obstante, Prada no deja de ser un pensador que muestra importantes afinidades con lo que nosotros, <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/hiperbola-janus/" title="Hipérbola Janus"><span><strong>Hipérbola Janus</strong></span></a></span>, proponemos desde nuestras modestas trincheras. Y es que aunque nos movamos dentro de genealogías intelectuales sensiblemente diferentes extendemos nuestro diagnóstico de la modernidad mucho más allá de un mero programa político concreto, que actúe en el terreno de las contingencias y reduzca el mundo de los últimos 250 años a problemas puramente materiales o de gestión.</p> <p>Nos movemos en el terreno de la metafísica y de la antropología, el eje pasa completamente por la concepción del hombre, que es la que determina el resto de cuestiones de orden contingente, su visión y la forma de afrontarlas. Hablar de la necesidad de una revolución espiritual, de una concepción ontológica, de la Civilización del Ser en un mundo en descomposición como el actual, es una tarea que implica un viraje brutal, un cambio de paradigma radical y, porqué no decirlo, no exento de dramatismo. De modo que no se trata solo de combatir un conjunto de ideas y doctrinas equivocadas, que nacen del error, dentro del terreno habitual de los «intelectuales» del régimen (en este caso pseudointelectuales del R78), y de los habituales, e impostados, <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/falsas-antitesis-izquierda-derecha/">antagonismos izquierda vs derecha</a>, El liberalismo en lo político, y el capitalismo como su reverso económico, responden a una determinada concepción del hombre, a una tipología humana, y en ello hemos insistido con incansable recurrencia desde estas lides, y esta idea está omnipresente en el discurso y escritos de Juan Manuel de Prada.</p> <p></p><figure><img src="https://hiperbolajanus.com/imgs/prada-dostoievski.jpg" alt=""><figcaption>Juan Manuel de Prada leyendo a Dostoievski, al que cita como una de sus influencias más tempranas junto a Edgar Allan Poe.</figcaption></figure> <p>Es evidente que Prada parte de los <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/joseph-de-maistre/">autores del catolicismo contrarrevolucionario</a>, y que cuenta con un respaldo intelectual fundamentado en autores como <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/leonardo-castellani/" title="Leonardo Castellani"><span><strong>Leonardo Castellani</strong></span></a></span>, <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/gilbert-keith-chesterton/" title="Gilbert Keith Chesterton"><span><strong>G. K. Chesterton</strong></span></a></span>, <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/donoso-cortes/" title="Juan Donoso Cortés"><span><strong>Donoso Cortés</strong></span></a></span>, <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/hilaire-belloc/" title="Hilaire Belloc"><span><strong>Hilaire Belloc</strong></span></a></span> o <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/georges-bernanos/" title="Georges Bernanos"><span><strong>Georges Bernanos</strong></span></a></span>, por citar algunos de los más representativos, y especialmente la <strong>Doctrina Social de la Iglesia</strong>. En nuestro caso, nuestro horizonte integra también a los autores de la Tradición Perenne como los ya conocidos <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/julius-evola/" title="Julius Evola"><span><strong>Julius Evola</strong></span></a></span>, <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/rene-guenon/" title="René Guénon"><span><strong>René Guénon</strong></span></a></span>, <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/frithjof-schuon/" title="Frithjof Schuon"><span><strong>Frithof Schuon</strong></span></a></span>, así como <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/romualdi-nacionalismo-tradicion/">corrientes nacional-revolucionarias</a> con autores como <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/jean-thiriart/" title="Jean Thiriart"><span><strong>Jean Thiriart</strong></span></a></span>, <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/adriano-romualdi/" title="Adriano Romualdi"><span><strong>Adriano Romualdi</strong></span></a></span>, los autores de la <strong>Revolución Conservadora Alemana</strong>, la <strong><a href="https://hiperbolajanus.com/posts/resena-la-nueva-derecha-de-alain-de/">Nueva Derecha Francesa</a></strong> de <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/alain-de-benoist/" title="Alain de Benoist"><span><strong>Alain de Benoist</strong></span></a></span>, <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/guillaume-faye/" title="Guillaume Faye"><span><strong>Guillaume Faye</strong></span></a></span>, <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/jean-cau/" title="Jean Cau"><span><strong>Jean Cau</strong></span></a></span> y otros muchos, pasando, como no, por los <strong><a href="https://hiperbolajanus.com/posts/juan-vazquez-mella-tradicionalismo/">tradicionalistas hispánicos</a></strong> como <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/elias-de-tejada/" title="Francisco Elías de Tejada"><span><strong>Francisco Elías de Tejada</strong></span></a></span> o <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/rafael-gambra/" title="Rafael Gambra Ciudad"><span><strong>Rafael Gambra</strong></span></a></span>, donde también hay una convergencia con el pensamiento de Prada.</p> <p>A continuación procederemos a desentrañar los entresijos del pensamiento de Prada, al que consideramos uno de las mentes más lúcidas y preclaras en la oscuridad de una España agonizante, asediada por sus enemigos y en una situación especialmente crítica. Dentro del espectro de «intelectuales del régimen», cada vez más exiguo y representado por vulgares tertulianos televisivos, una parte del entramado académico y universitario, integrado por palanganeros y propagandistas que han sacrificado su compromiso intelectual a cambio de la militancia partitocrática, con todas las prebendas y privilegios que ello conlleva, hasta pasar por frikis y sucedáneos que actualmente pretenden representar tendencias a través de personajes estrambóticos, televisivos o de redes sociales, el contrapunto viene representado por la invariable e inconmensurable figura de Juan Manuel de Prada, un ejemplo de compromiso y valores, cuyas juiciosas palabras siempre han sonado extrañas frente a liberales (de izquierdas o derechas, lo mismo da) y <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/propaganda-manipulacion-oclocracia/">una masa sobresocializada y moldeada por groseros e inanes relatos al servicio del poder</a>.</p> <p>A pesar de que conocemos a Juan Manuel de Prada por sus intervenciones televisivas y los medios de prensa, como destacado articulista en las columnas de opinión del diario <strong>La Razón</strong>, podríamos tender a pensar que su pensamiento puede aparecer fragmentario, por el simple hecho de no ser mostrado de manera sistemática a través de sucesivos ensayos, y al ser su obra principal de carácter fundamentalmente literario. Pero lo cierto es que hay un sistema de pensamiento muy reconocible y perfectamente articulado, a través del cual interpreta todos los fenómenos contemporáneos que han forjado el mundo actual: liberalismo, democracia, economía, educación, sexualidad, inmigración, familia, censura, ideologías de género, el capitalismo o la nación se encuentran entre los temas más recurrentes. Además, lejos de ser planteados como compartimentos estanco, totalmente independientes los unos de los otros, se integran y son analizados bajo el mismo prisma intelectual y los mismos criterios de enfermedad espiritual. Un mismo patrón subyace a todos ellos, y es que no se trata de resolver cuestiones concretas, sino de descubrir la raíz y el origen que las hace posibles.</p> <h2>Impugnando el mundo moderno</h2> <p>Como ya hemos señalado, Prada no acepta ubicarse en el terreno de las categorías políticas habituales, y en ningún caso viene a representar una alternativa conservadora al progresismo, con todos sus ítems ideológicos, ni pretende defender una versión más «humana» del liberalismo, ni tan siquiera la restauración de las instituciones desaparecidas. Todas las discusiones políticas de nuestro tiempo, que muchas veces se mueven entre la banalidad y la intrascendencia, en realidad son secundarias y, sobre todo, se desarrollan sobre un trasfondo filosófico y de ideas que ha sido previamente aceptado por los contendientes, que se mueven en un mismo terreno. De ahí que la verdadera batalla de las ideas no se libre entre izquierda y derecha, o entre capitalismo y socialismo, como pretenden hacer creer a la masa, sino, una vez más, a dos concepciones irreductibles del hombre, a presupuestos antropológicos y metafísicos que definen la modernidad en su totalidad. De modo que en una de las primeras conclusiones que podemos alcanzar en estas líneas, debemos afirmar que Prada aborda la idea de una crisis contemporánea que sobre todo, y ante todo, es espiritual. Por encima de todas las vicisitudes político-económicas y culturales. Y esto se debe a que el plano institucional no nos ofrece ningún principio explicativo que, en última instancia, pueda definir a una civilización. Sería una forma de confundir la causa con la consecuencia, porque <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/territorio-caracter-orbe-hispanico-1/">el hombre es anterior a cualquier institución y régimen político</a>, y como tal, toda creación o institución viene precedida de una concepción de este hombre. Del mismo modo que antes de la existencia de la economía existe una concepción del trabajo, de la propiedad y del deseo humano, al igual que antes de la existencia de las leyes hay convicciones morales que les sirven de fundamento. Y cuando las convicciones cambian también lo hacen las instituciones. Esas mismas instituciones, que en el ámbito tradicional, son parte de un lento proceso acumulativo de raíz orgánica, que preceden, especialmente en nuestro caso, a la conformación del Estado. Es evidente que, para los modernos, tan acostumbrados a interpretar la historia, y los hechos humanos en general, a través de factores económicos o puramente contingentes, sin la perspectiva temporal profunda en paralelo, puede resultar chocante este tipo de ideas.</p> <p></p><figure><img src="https://hiperbolajanus.com/imgs/pradapresentacion.jpg" alt=""><figcaption>Juan Manuel de Prada junto a la periodista Nieves Herrero durante la presentación en los medios de «Raros como yo» (2023).</figcaption></figure> <p>No obstante, la Tradición no se concibe por Prada como una reivindicación de arcaísmos, de piezas de museo, costumbres respetables o una nostalgia sentimental hacia formas de vida pasadas que ya han desaparecido. Prada cree firmemente en la Tradición como una transmisión viva y operante de un orden de verdad que precede a cualquier decisión humana. He aquí <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/presentacion-metafisica-credo/">el fundamento metafísico</a>, que hace prevalecer un principio de verdad independiente de la cronología y las condiciones espacio-temporales. De ahí que la perspectiva moderna de la Tradición como una resistencia irracional frente al progreso quede totalmente desactivada, al invertir esta interpretación. Lo verdaderamente irracional sería creer que la mera sucesión cronológica puede alterar ese fundamento, sobre el que descansan conceptos como la naturaleza del bien o del mal, de la justicia y la injusticia o de la verdad y el error. Ninguna sociedad dejaría de afirmar, por ejemplo, que un teorema matemático deja de ser válido porque hayan transcurrido 300 años desde su formulación y, sin embargo, la modernidad acepta que principios morales vigentes durante siglos sean abolidos por una cuestión cronológica y «de progreso». La novedad, lo actual, lo moderno se impone a lo antiguo, a lo que la experiencia demuestra verdadero, en uno de los rasgos definitorios del espíritu moderno.</p> <p>El mundo moderno padece de una incapacidad intrínseca, que es la que le impide reconocer sus propios fracasos, a pesar de que puede aceptar errores técnicos, administrativos o económicos, errores contingentes al fin y al cabo, pero <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/modernidad-ilustrada-antagonistas/">le resulta imposible poner en cuestión sus propios fundamentos filosóficos</a>. Así vemos que, desde la perspectiva de Prada, cuando se plantean <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/campamento-santos-raspail/">problemas estructurales como una crisis demográfica</a>, de valores, con la pérdida de sentido comunitario o la mercantilización de la existencia, el sistema siempre propone nuevas reformas que profundizan en las causas que han generado esos problemas. Nunca contemplan, ni por un segundo, que el problema originario resida en la misma concepción del hombre sobre la que han edificado toda la modernidad. El liberalismo interpreta cualquier fracaso como una aplicación indebida o insuficiente de los principios que lo produjeron, sin contemplar nunca la refutación de los mismos.</p> <p>Del mismo modo, Prada también incide en la importancia de diferenciar pensamiento tradicional de conservadurismo, pese a que tiende a confundirse (deliberadamente o por incomprensión) en el debate público, ya que representan dos actitudes intelectuales muy diferentes entre sí. El conservador acepta normalmente las categorías fundamentales de la modernidad, es decir, todo lo que se refiere a la concepción del individuo soberano y autónomo, el Estado liberal, la economía de mercado o la idea de progreso, aunque intente defender un modelo de gestión más prudente o gradual en la implementación de ciertos «progresos» materiales, o en el ámbito de las relaciones sociales. El tradicionalista, por su parte, dirige siempre su mirada a las raíces, a los fundamentos y cimientos de todo modelo de civilización, de manera que no discute únicamente las aplicaciones, sino los principios. No toma como punto de partida la modernidad ni propone parches ni evaluaciones en términos de eficiencia, sino que cuestiona que la modernidad represente realmente ese horizonte legítimo para la existencia humana. Desde esta perspectiva, conservadores y progresistas son parte de un mismo entorno, de una misma realidad, cuyos fundamentos basales entran dentro de un mismo espectro filosófico de ideas porque ambos comparten presupuestos que ninguno de los dos osarían jamás poner en discusión.</p> <p>Por ello las habituales alternancias políticas que viven los regímenes políticos liberales no dejan de moverse en el terreno de lo superficial y aparente, al compartir la misma matriz ideológica, que converge en la idea común de una defensa de la emancipación del hombre frente a cualquier principio objetivo que no sea exclusivamente el que dicte su voluntad. Y mientras este principio permanezca intacto, nada cambiará, porque la modernidad debe ser cuestionada en sus fundamentos constitutivos, sobre los que ésta ha prosperado y ha edificado su cosmovisión.</p> <h2>La Tradición como alternativa</h2> <p>Si hay una idea que caracteriza el pensamiento de Juan Manuel de Prada es precisamente la reivindicación del pensamiento tradicional como una alternativa viable al universo ideológico de la modernidad. Esta idea no debe entenderse, como ya hemos explicado con otros autores, como una ilusa restauración de un determinado orden político o social desaparecido. Su planteamiento entraña una posición mucho más radical (palabra esta, estigmatizada en nuestros días, que no significa otra cosa que «lo que está en las raíces», manteniendo un inequívoco significado tradicional) porque comienza negando el propio terreno sobre el que se cimenta y desarrolla la discusión política contemporánea. Allí donde se producen todos sus pretendidos antagonismos (izquierda vs derecha, nacionalismo vs globalismo o capitalismo vs socialismo), Prada sostiene, muy acertadamente, que se trata de oposiciones aparentes, dado que comparten la misma concepción antropológica y metafísica. La diferencia estriba en los medios, nunca en los principios, que son, en efecto, compartidos. La modernidad ha conseguido que incluso sus adversarios piensen con categorías modernas, de manera que las alternativas aceptables quedan reducidas a variaciones internas dentro de un mismo paradigma.</p> <p>Este constituye, probablemente, el núcleo doctrinal más importante del pensamiento del escritor, y que viene a decirnos que la modernidad no se define por una ideología concreta, sino por un principio común que adopta formas históricas diversas. Este principio consiste en la emancipación progresiva del hombre de cualquier orden objetivo, como ya señalamos. La historia moderna, la de los últimos siglos, puede describirse desde esta perspectiva, como una sucesión de revoluciones que, de manera progresiva, van desplazando todas las instancias superiores en las que el hombre tradicional se reconocía supeditado: primero Dios, después la Iglesia, y más tarde la naturaleza, la familia, la comunidad política, la tradición, el sexo como realidad biológica e incluso, finalmente, la propia condición humana. El hilo conductor de todos estos episodios revolucionarios sigue siempre el mismo itinerario, que consiste en la sustitución de un orden heredado por un orden producido. El hombre abandona un horizonte espiritual en el que puede comprenderse como criatura frente a Creador, para convertirse en autor de sí mismo. Ya no se encuentra interesado por descubrir la verdad anterior a su existencia, sino que fabrica su propia verdad. La libertad deja de significar la capacidad de orientar hacia el bien para identificarse con la ausencia de cualquier límite previo. Esta mutación antropológica constituye el verdadero acontecimiento fundador de la modernidad.</p> <p>De este modo, y como bien insiste Prada a lo largo de sus escritos, la Tradición no puede confundirse con el tradicionalismo entendido como arqueología histórica o simple nostalgia por el pasado, ni tampoco debe confundirse, como ya señalamos, con el conservadurismo entendido como resistencia psicológica al cambio. En este sentido, nuestro autor rompe con la idea ilustrada, cuyas prolongaciones llegan hasta nosotros, en la que se identifica tradición y costumbre. Las cosas pueden cambiar, pero los principios permanecen. Las instituciones históricas pueden desaparecer sin que lo haga el orden moral que las fundamenta. De la misma manera, se pueden conservar intactas muchas de sus formas externas, mientras se ha perdido por completo el espíritu que le daba sentido. La tradición, por tanto, no consiste en estructuras históricas concretas, sino en mantener viva una determinada <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/metafisica-politica-evola-guenon/">comprensión del hombre y de su lugar en el cosmos</a>.</p> <p>En todos estos elementos del pensamiento de Prada, vemos afinidades evidentes con los autores mencionados al inicio, con Donoso Cortés, G. K. Chesterton, Hilaire Belloc o Leonardo Castellani. En todos ellos prevalece la idea y la convicción de que la política no constituye el nivel último de la realidad histórica. Antes de existir las instituciones existen las creencias, a los sistemas económicos les preceden las antropologías, y a las constituciones les son preexistentes las concepciones del bien y del mal. Las verdaderas revoluciones son las que modifican la imagen que una civilización posee del hombre.</p> <p></p><figure><img src="https://hiperbolajanus.com/imgs/prada-traini.jpeg" alt=""><figcaption>Juan Manuel de Prada fotografiado tras una tertulia-debate con Elizabeth Duval y Amarna Miller. Siempre dispuesto a confrontar ideas, por grotescas y delirantes que resulten sus oponentes.</figcaption></figure> <p>De ahí que toda disputa, como ya hemos dicho, se haga bajo el amparo de falsas dicotomías y antagonismos, dado que no proponen diferentes antropologías, sino que convergen en la misma. Igualmente, hay que extender la desconfianza hacia <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/presentacion-despues-virus-boris-nad/">los que se presentan como defensores de Occidente</a> (algo muy propio de las derechas liberales pro-Trump y, consecuentemente, ultrasionistas, a nuestro juicio) sin abandonar las categorías fundamentales de la modernidad liberal. Aunque —a juicio de Prada— el conservadurismo combate determinados excesos del progresismo, mientras acepta sin discusión las premisas que, inevitablemente, las producen. Por ejemplo, se lamenta de la destrucción de la familia, pero defiende a toda costa la concepción individualista de la libertad que ha convertido en un contrato revocable el matrimonio; critica la ideología de género pero continúa identificando la libertad con la autodeterminación absoluta del individuo; denuncia el relativismo moral aunque acepta simultáneamente que la soberanía política resida exclusivamente en la voluntad popular. Aspira a conservar determinados resultados históricos mientras renuncia a defender las causas que los hicieron posibles. Unas posturas que Prada considera intelectualmente inconsistentes porque pretenden salvar los frutos una vez cortadas las raíces.</p> <p>Por estos motivos el pensamiento tradicional no se puede definir como una preferencia política, sino que implica un modo completamente diferente de concebir la realidad. Mientras que la modernidad parte del individuo, la tradición parte de un orden. Mientras la primera considera que los derechos preceden a los deberes, la segunda entiende que los deberes derivan de la naturaleza del hombre y constituyen el fundamento de cualquier derecho auténtico. Mientras el pensamiento moderno concibe la sociedad como una asociación voluntaria de individuos autónomos, la tradición contempla al <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/comunidad-tradicion-rafael-gambra/">hombre como un ser constitutivamente inserto en comunidades naturales</a> que no ha elegido y que precisamente hacen posible su desarrollo personal. Familia, Patria, lengua, cultura o religión deben ser construcciones convencionales para convertirse en dimensiones constitutivas de la existencia humana. El individuo abstracto sobre el que edifican sus sistemas <strong>Thomas Hobbes</strong>, <strong>John Locke</strong> o <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/jean-jacques-rousseau/" title="Jean-Jacques Rousseau"><span><strong>Jean Jacques Rousseau</strong></span></a></span> no representa para Prada una realidad histórica, sino una ficción filosófica cuya aceptación ha desencadenado consecuencias devastadoras durante los últimos siglos.</p> <p>Un buen ejemplo de falsos antagonismos lo constituyen las grandes ideologías de la modernidad, como es el caso de liberalismo y marxismo, que aparecen habitualmente como doctrinas irreconciliables, pero ambas participan del mismo impulso emancipador. En ambos casos la tradición aparece como un obstáculo para la libertad humana, del mismo modo que coinciden en ver la historia como un proceso de liberación respecto al pasado; igualmente las dos consideran que las estructuras heredadas carecen de legitimidad propia y deben someterse al juicio de la voluntad humana. Las diferencias radican principalmente en el sujeto encargado de realizar la emancipación —el mercado en un caso, el Estado o la clase revolucionaria en el otro—, pero no alteran el horizonte último hacia el que ambas se dirigen. De ahí que Prada considere ilusoria la esperanza de encontrar una solución a la crisis contemporánea dentro del repertorio ideológico surgido de la propia modernidad.</p> <p>En consecuencia, y como no puede ser de otra manera, Prada <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/manifiesto-contra-el-progreso-de/">rechaza toda idea de progreso</a>, y no porque niegue la posibilidad de mejoras materiales o técnicas, cuya existencia resulta evidente, sino porque rechaza convertir esos avances parciales en un criterio absoluto para juzgar el conjunto de una civilización. La modernidad ha confundido el incremento del poder con el perfeccionamiento del hombre. Ha supuesto que dominar mejor la naturaleza equivale a comprender mejor la condición humana. No obstante, <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/el-reino-de-la-cantidad-y-los-signos-de/">la historia reciente nos demuestra precisamente lo contrario</a>, porque el hombre nunca contó con tantos recursos tecnológicos al tiempo que nunca había mostrado mayores dificultades para responder a <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/sentido-orientacion-religio-schuon/">las preguntas fundamentales sobre el sentido de la vida</a>, la verdad, el bien o la belleza. El progreso material ha venido acompañado de una creciente indigencia espiritual, de una incapacidad para conocer y apreciar los elementos constitutivos del ser. Es la consecuencia lógica de haber reducido toda la realidad a lo que puede ser producido o consumido.</p> <p>De ahí que lo esencial para el pensamiento tradicional postulado por Prada no sea restaurar una Edad de Oro perdida, sino recuperar un principio de inteligibilidad capaz de devolver la unidad a la civilización fragmentada. Frente a unas ideologías que convierten en valores absolutos elementos que tienen una importancia relativa y contingente —la economía, la política, la técnica o la voluntad individual— la tradición nos recuerda que el hombre solo puede comprenderse de manera adecuada cuando se reconoce inserto en un orden que lo trasciende y al que no puede modificar arbitrariamente.</p> <h2>Crítica al liberalismo y a su concepto de libertad</h2> <p>Hay una idea muy evidente en el pensamiento de Prada que adquiere una importancia nuclear, y es la transformación absoluta del concepto de libertad con el que irrumpe el paradigma moderno. No se trata de que el liberalismo, que al fin y al cabo es quien ha dado forma y contenido a la modernidad, haya administrado una idea correcta de la libertad, su tesis es mucho más contundente. Lo que denuncia es que el liberalismo ha invertido el propio significado de la palabra hasta convertirla en el principio de descomposición de todo orden humano. Allí donde la tradición entendía la libertad como una perfección de la voluntad orientada hacia el bien, el liberalismo la redefine como una facultad de elección anticipada de cualquier criterio objetivo. El resultado de esta mutación semántica va mucho más allá de un mero cambio doctrinal, es el nacimiento de una nueva antropología que terminará impregnando todos los ámbitos de la existencia.</p> <p>A pesar de la postura expresada, Prada no se sitúa en el plano de un debate liberalismo vs antiliberalismo, porque tampoco discute si conviene ampliar o restringir determinados «derechos» individuales, ni si el mercado debe recibir mayores o menos regulaciones, y ni siquiera si el Estado debe intervenir más o menos en la vida social. Todas estas cuestiones permanecen dentro del ámbito liberal, y lo importante reside en preguntarse por el significado de la libertad en sí misma, y mientras no obtengamos una respuesta satisfactoria seguiremos atrapados en el mismo círculo vicioso. La modernidad, nos dice Prada, ha confundido sistemáticamente la libertad con la ausencia de vínculos, cuando precisamente los vínculos verdaderos constituyen la condición de posibilidad de una libertad verdaderamente humana. La libertad, algo presente ya en muchos autores contrarrevolucionarios y de la genealogía tomista, jamás puede consistir en la indiferencia de la voluntad entre opciones equivalentes. El hombre no es libre porque pueda elegir cualquier cosa, sino porque posee la capacidad para orientar conscientemente su existencia hacia aquello que perfecciona su naturaleza. La libertad no crea el bien, presupone la existencia del bien, y por ese motivo la voluntad necesita ser educada. Una voluntad que carece de capacidad para discernir entre el bien y el mal y lo justo y lo injusto nunca puede ser libre, <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/medrano-lucha-dragon/">dado que es una voluntad abandonada a la arbitrariedad de sus impulsos</a>. La tradición nunca identificó la libertad con la espontaneidad, sino como una conquista moral.</p> <p>El liberalismo rompe totalmente con esta concepción, que es inequívocamente deliberada, al separar la libertad de cualquier finalidad objetiva. Bajo la antropología liberal, el hombre deja de ser una criatura dotada de una naturaleza determinada para convertirse en un sujeto soberano cuya voluntad constituye el único fundamento legítimo de sus decisiones. El deseo arbitrario se impone a lo que conviene a la propia naturaleza, y con ello los deseos se convierten en la fuente de toda legitimidad, con lo cual todo lo que se refiera a la familia, religión, costumbres, diferencias sexuales, Patria y un largo etcétera son percibidos como formas de opresión, en lugar de ser ámbitos donde la persona aprende a generar un criterio sólido y objetivo de libertad, que se ven desplazados en detrimento de un vacío deseo de autorrealización individual.</p> <p></p><figure><img src="https://hiperbolajanus.com/imgs/lagrimaslluvia.jpg" alt=""><figcaption>Durante la emisión de uno de los programas de «Lágrimas en la lluvia» junto a María Cárcava, su mujer. Un interesante programa emitido en Intereconomía entre 2010 y 2013, donde al visionado de una película seguía un debate con un elenco de invitados especializados en el tema tratado.</figcaption></figure> <p>Bajo esta lógica, los conservadores, por ejemplo, determinados sectores asociados a estos, presentan fenómenos como la ideología de género, el transhumanismo o la ingeniería reproductiva como desviaciones respecto al liberalismo clásico. Prada, muy acertadamente, rechaza estas consideraciones porque considera que todos ellos representan la consumación lógica de un principio ya contenido en la propia definición liberal de libertad. La cuestión radica en que si el individuo posee un derecho absoluto a determinar su identidad, ¿por qué debería detenerse ante el dato biológico del sexo? Si la voluntad se erige como el único fundamento de legitimidad, ¿qué autoridad objetiva puede reivindicar la naturaleza para imponer límites? De tal manera que todas las ingenierías ligadas a la deformación del sexo biológico y a la deconstrucción de la naturaleza humana vinculada a estos preceptos es parte de la ruptura biológica que viene determinada por la «revolución antropológica» del liberalismo. La voluntad que comenzó por emanciparse de Dios con la Revolución Francesa, ahora también se emancipa del propio cuerpo.</p> <p>De este modo la libertad liberal, lejos de eliminar las servidumbres, modifica su naturaleza. El liberalismo ha construido un relato a partir del cual se presenta históricamente como una empresa de liberación. Promete emancipar al individuo de la autoridad religiosa, de la tradición, de la familia, de las jerarquías sociales y, en definitiva, de toda dependencia heredada. Las consecuencias de este «proceso liberador» se han traducido en un sujeto más vulnerable, que ha destruido todas las mediaciones comunitarias que limitaban el poder del Estado y del mercado. Este individuo emancipado, desarraigado de cualquier comunidad orgánica resulta maleable y manipulable gracias a esta «liberación». Privado de vínculos estables, termina buscando amparo en las grandes estructuras impersonales: en el aparato estatal, en las burocracias transnacionales, en las plataformas tecnológicas o en un estilo de vida consumista, que aparecen como un mal sucedáneo —su antítesis podríamos decir— de lo que antes se hallaba en las instituciones naturales. Es la paradoja de una libertad absoluta que deviene en dependencia absoluta. Y la espiral de paradojas se multiplica con una modernidad que cuanto más afirma la autonomía del individuo más regulaciones le impone en todos los aspectos de su vida — especialmente desde el 2020 a esta parte. Nunca se ha hablado más de libertad y nunca la vida cotidiana se había sometido <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/resena-1984-de-george-orwell/">a estos niveles de vigilancia orwelliana</a> en todos los planos, tanto administrativo y tecnológico como psicológico. Este ciudadano moderno decide y se preocupa sobre cuestiones de naturaleza cada vez más íntima, como su identidad o la sexualidad, mientras que pierde amplias cuotas de control sobre ámbitos esenciales de la vida política, económica y cultural. Así llegamos a un punto de sumisión absoluta, en la que los propios deseos que a priori guían esa voluntad, <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/resena-era-vacio-lipovetsky/">también son producidos artificialmente por la industria cultural o el mercado</a>, de manera que incluso su libertad de elección es una farsa impostada, a partir de la cual sus preferencias son previamente fabricadas por mecanismos que apenas percibe. De ahí que la libertad degenere <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/cultura-simulacro/">en una sofisticada ilusión psicológica</a>, en una gigantesca disonancia cognitiva.</p> <p>Al mismo tiempo, si la libertad consiste únicamente en elegir, el contenido de la elección resulta indiferente, y el acto voluntario adquiere más importancia que el objeto elegido. Y al final una libertad vaciada de finalidad termina por devorarse a sí misma porque ya no posee ningún criterio interno para distinguir entre aquello que perfecciona al hombre y lo que lo degrada. Todas las elecciones aparecen formalmente equivalentes, sin discriminación cualitativa alguna, y en consecuencia el bien deja de ser una realidad objetiva para caer en una subjetividad grosera. El resultado de todo ello no es, en ningún caso, una sociedad más «abierta y tolerante», como los demoliberales acostumbran a decir en sus discursos rancios y enlatados, <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/tanatofilia-irreversibilidad-occidente-satanico/">sino una sociedad incapaz de formular juicios morales sobre sí misma</a>.</p> <p>Y aquí es donde radica otro de los hechos típicamente contemporáneos, y donde se aprecian las consecuencias de lo que acabamos de exponer, y es la sustitución de la moral por el derecho. Allí donde no existe un acuerdo acerca del bien común, se impone la proliferación indefinida de derechos individuales. Es más, la noción misma de bien común acaba de resultar sospechosa porque presupone la existencia de un orden objetivo anterior a los deseos particulares. Y al final, una sociedad construida sobre la base exclusiva de los derechos subjetivos termina careciendo de todo principio de cohesión que no sea el interés o el miedo. La libertad deja entonces de ser un vínculo compartido para transformarse en el escenario de negociación entre egoísmos contrapuestos.</p> <h2>Democracia, soberanía y Estado</h2> <p>Para Juan Manuel de Prada, todas las patologías que afloran en las democracias liberales, como son los gobernantes mediocres y corruptos, <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/democracia-liberal-agonico-destructivo-r78/">las oligarquías de partidos y sus intereses espurios o la supeditación del bienestar general a lobbies financieros y plutocráticos</a> no son el núcleo del problema, sino que son consecuencias, porque la cuestión decisiva, el origen de todos ellos, es anterior, y concierne a los presupuestos filosóficos sobre los que descansa la legitimidad de la política moderna. Por ello debemos preguntarnos sobre el origen de la legitimidad del poder, sobre la equidad y justicia de las leyes o del papel de las mayorías, del sufragio universal, y en las respuestas que el orden liberal proporciona se encuentra la dimensión de las mayores inversiones intelectuales de la historia del Occidente moderno.</p> <p>En este punto Prada se alinea sin vacilación alguna con la tradición doctrinal que hunde sus raíces en el pensamiento clásico y cristiano. La autoridad política nunca ha sido considerada como una realidad autosuficiente en sí misma. Desde <strong>Aristóteles</strong> a <span><a href="https://hiperbolajanus.com/personas/tomas-de-aquino/" title="Santo Tomás de Aquino"><span><strong>Santo Tomás de Aquino</strong></span></a></span>, pasando por toda la reflexión medieval sobre el poder, el gobernante no era el creador del orden, sino su custodio. La comunidad política existía para hacer posible la vida buena, no para producir arbitrariamente los criterios de esa buena vida. El poder se concebía como ministerio antes que como soberanía absoluta, e incluso allí donde la participación del pueblo en el gobierno se ejercía a través de los parlamentos, jamás se suponía que la comunidad pudiera modificar a voluntad la naturaleza de la justicia. Existía un orden moral que precedía al orden político, y precisamente por ello, era posible juzgar moralmente las leyes, las decisiones de los gobernantes e incluso la legitimidad de determinadas formas de gobierno.</p> <p>La ruptura de la modernidad —asevera Prada— consiste en haber desplazado la fuente de legitimidad desde ese orden objetivo preexistente hacia la voluntad humana. El liberalismo político, heredero directo de la filosofía contractualista, transforma el origen del poder en un acto de autodeterminación colectiva. La soberanía deja de residir en un orden de justicia que trasciende a gobernantes y gobernados, para instalarse en la voluntad del cuerpo político. El pueblo ya no reconoce una ley superior a sí mismo; se convierte él mismo en fuente de ley. Esta transformación, que suele presentarse como la culminación de la emancipación política, constituye para nuestro autor una auténtica revolución teológica. No cambia solo el modo de elegir a los gobernantes, sino que transforma la misma lógica del poder y allí donde antes había que someterse a la verdad, <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/sacralidad-honor-politica/">ahora esta última es la que empieza a depender de la política</a>.</p> <p>Si la legitimidad emana exclusivamente de la voluntad mayoritaria, desaparece cualquier criterio estable desde el que se pueda juzgar el contenido de las decisiones democráticas. Lo justo, considerado en su realidad intrínseca y objetiva, deja de corresponder al orden de las cosas para convertirse en aquello que una mayoría decide considerar justo en un momento determinado. La ley deja de descubrir una realidad moral previa para empezar a fabricarla artificialmente, y desde la tiranía del sufragio universal, de donde deriva la sustitución progresiva del derecho natural por el positivismo jurídico. La legitimidad termina cediendo ante la legalidad, y lo permitido sustituye a lo bueno. Lo aprobado por el parlamento adquiere una autoridad que no admite apelación alguna frente a ningún principio superior.</p> <p>Las preocupaciones de Prada en este terreno se dejan entrever a través de la idea a partir de la cual las democracias liberales contemporáneas <a href="https://www.abc.es/sociedad/paises-bajos-concede-eutanasia-joven-anos-depresion-20240517173031-nt.html">modifican aspectos fundamentales de la vida humana sin experimentar conflicto alguno con su propia conciencia moral</a>. El mejor ejemplo lo tenemos a través del desplazamiento brutal de la ventana de Overton desde los años 90 a esta parte, periodo en el que el aborto —en etapas de gestación bastante avanzadas—, la eutanasia, la manipulación genética o la redefinición del sexo en aspectos jurídico-legales y biológicos han experimentado cambios impensables, <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/sexualidad-ingenieria-social-occidente/">llegando a situaciones especialmente aberrantes</a>. Cuestiones que durante milenios habían sido comprendidas y valoradas de otra manera dejan de tener relevancia, mientras que no se han demostrado racionalmente como erróneas, sino que, simplemente, la «voluntad democrática» se considera soberana y competente para redefinir la misma realidad. De este modo la democracia liberal termina por atribuirse, en sus procedimientos de decisión colectiva, unas competencias ontológicas que jamás habían pertenecido a la política. Allí donde la tradición distinguía entre el Ser y la ley, la modernidad política pretende que la ley determine el propio ser de las cosas.</p> <p>No se trata de criticar los mecanismos electorales, hay que ir más allá, como ya hemos visto con anterioridad. De hecho, Prada no se conforma con respuestas parciales ni con soluciones contingentes, y es que la democracia, que proclama que el pueblo gobierna, con la creciente complejidad de sus estructuras económicas, financieras, tecnológicas y burocráticas, reduce cada vez más el ámbito de las decisiones sometidas al control ciudadano. Las cuestiones verdaderamente decisivas escapan a la participación colectiva para trasladarse a un entramado de poderes económico-financieros y tecnocráticos transnacionales, que obviamente operan al margen de los intereses ciudadanos. Y aquí volvemos a la paradoja ya mencionada, de una retórica que afirma la soberanía popular, y la «voluntad del pueblo» cuando su capacidad para cambiar el rumbo de la comunidad política es prácticamente nulo. Los programas electorales y las elecciones se revelan incompatibles con las exigencias de los mercados financieros e instituciones supranacionales. Al final la soberanía popular es un principio que prevalece solo a nivel retórico mientras la soberanía efectiva se desplaza hacia los centros de poder invisibles al ciudadano.</p> <p></p><figure><img src="https://hiperbolajanus.com/imgs/prada_ayuso.jpg" alt=""><figcaption>Juan Manuel de Prada junto a Miguel Ayuso durante la presentación de uno de sus libros en Barcelona.</figcaption></figure> <p>El Estado, por su parte, que en el mundo tradicional era concebido como una instancia limitada, tanto por la ley moral como por la existencia de multitud de cuerpos intermedios (familias, municipios, gremios, asociaciones o comunidades religiosas), que articulaban la vida social y protegían a la persona frente a cualquier concentración excesiva de autoridad, conoce ahora una resignificación de su poder. La autoridad moderna ha destruido progresivamente estas mediaciones, que han sustituido esa realidad orgánica de partes complementarias y equilibradas por el individuo enfrentado al Estado, sin el peso de esas comunidades que podían ejercer como parapeto de amortiguación frente a cualquier exceso. De todos modos, Prada rechaza la oposición simple entre liberalismo y estatismo. Ambos aparecen en los manuales del liberalismo clásico como doctrinas antagónicas, pero nuestro autor sugiere que hay una relación mucho más estrecha de la que suele admitirse. Si bien es cierto que el liberalismo necesita de individuos desvinculados de comunidades fuertes para convertirlos en agentes plenamente disponibles para el mercado, el Estado moderno también necesita de esos mismos individuos aislados para ampliar indefinidamente su capacidad reguladora. Estado y Mercado se convierten en elementos complementarios de un mismo proceso de disolución de la sociedad orgánica.</p> <h2>La Tradición vista desde el siglo XXI</h2> <p>No podemos tocar otros temas del pensamiento de Juan Manuel de Prada por una simple razón de espacio, porque la extensión de nuestro artículo terminaría por ser excesivo. No obstante, a modo de recapitulación, y si debemos establecer un criterio definitorio del pensamiento de Prada sería el de pensador contrarrevolucionario católico, con todos los matices que podamos hacer, prescindiendo de cualquier connotación «conservadora» o «tradicionalista» en un sentido estricto sin más, recurriendo a las habituales coordenadas ideológicas asociadas a tal «etiqueta». Podríamos hablar de <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/la-sociedad-tradicional-y-sus-enemigos/">un tradicionalismo adaptado al siglo XXI</a>, que se esfuerza por no conformarse con lo que otros autores precedentes ya dijeron, sino que hay un esfuerzo hermenéutico para reinterpretar sus categorías frente a los nuevos retos que plantea la posmodernidad. Esto significa que, por ejemplo, no se trata tanto de <span><a href="https://hiperbolajanus.com/revistas/mos-maiorum/07/fernandez-una-revision-critica-de-la/" title="Una revisión crítica de la Revolución Francesa"><span>oponerse a la Revolución Francesa como hecho histórico</span></a></span>, sino de posicionarse contra el proceso intelectual y antropológico que ella simboliza, y que continúa desplegándose en el presente a través de fenómenos culturales asociados al liberalismo, y que se reflejan <a href="https://hiperbolajanus.com/posts/mito-contracultura/">desde los años de la Contracultura</a> con la denominada «revolución sexual» o las «ideologías de género» y la tecnocracia o el transhumanismo en las etapas más recientes. Fenómenos que profundizan en el abismo de deshumanización y destrucción del Ser de nuestros días.</p> <p><a href="https://hiperbolajanus.com/posts/presentacion-metafisica-berard-cideron/">El horizonte de la metafísica</a>, que sirve de fundamento para la constitución de un principio ontológico-antropológico, a partir de la idea de la naturaleza humana, determina todos los ámbitos de la existencia del hombre a nivel organizativo, en el plano social, político o en el conjunto de valores y principios que lo caracteriza, esta es una premisa irrenunciable en el pensamiento de Juan Manuel de Prada. Esta preocupación por la crisis espiritual y civilizatoria que atraviesa el mundo de nuestros días, su conciencia de la decadencia que este proceso produce, y las propias fuentes del catolicismo contrarrevolucionario que son coherentes con su pensamiento, y que ya hemos mencionado y desarrollado, comparten una intuición fundamental: las instituciones no crean la civilización, sino que la expresan. Una civilización se define por su fundamento metafísico —es necesario insistir en ello— convertido en el molde y la matriz de todas sus creaciones, esto en el caso de que hablemos de una civilización que represente verdaderamente al Ser, que proyecte una imagen verdadera del hombre, en acuerdo con un orden trascendente que sea un reflejo de la realidad divina.</p> <p>Leonardo Castellani, escritor y sacerdote tradicionalista oriundo de Argentina, también ha contribuido decisivamente a la edificación de la arquitectura sobre la que descansa buena parte de las interpretaciones de Prada en torno a la modernidad. Castellani fue, probablemente el gran heredero hispanoamericano de Donoso Cortés durante el siglo XX. Su gran contribución consistió en devolver a la política su dimensión teológica frente a una modernidad que pretendía explicar el devenir histórico merced a variables económicas, sociológicas y, en general, materiales. Para el sacerdote argentino toda política descansaba sobre una determinada teología, que una vez destruida con la desaparición de la idea de Dios del horizonte humano, tiende a sustituir esta realidad trascendente por falsos ídolos como el Estado, la humanidad o el progreso.</p> <p>Los grandes ejes de la cosmovisión castellanista: la primacía de la verdad sobre la opinión, la subordinación de lo político a la metafísica, la crítica al liberalismo, la denuncia de la decadencia espiritual de Occidente, la oposición entre autoridad y poder, la crítica a la burocratización eclesiástica, la interpretación providencial de la historia y una dimensión escatológica atraviesa todos sus análisis. El trasfondo intelectual de todos estos temas lo vemos recogido, adaptado y desarrollado en el pensamiento de Juan Manuel de Prada. La perspectiva ontológica y teológica de Castellani se deja ver en las críticas al liberalismo que hemos comentado a lo largo del texto, y la insistencia, que viene del sacerdote argentino, de la idea de que la decadencia no nace de unas malas instituciones, sino del oscurecimiento de la inteligencia humana respecto a la verdad. La importancia de una filosofía política inspirada en los principios tomistas, y la importancia que otorga a la inteligencia frente a la voluntad en el ejercicio del buen gobierno. Y especialmente la idea de que la autoridad no es una cuestión de poder, sino de verdad. Un régimen puede monopolizar toda la fuerza del Estado, y pese a ello carecer de autoridad. La autoridad se vertebra en la medida que el poder se subordina a través de una cadena jerárquica a la inteligencia y la verdad. La inversión de esta cadena constituye para Castellani la definición misma de la modernidad: un mundo donde gobierna la fuerza bruta, la propaganda y el dinero mientras la inteligencia queda relegada a mero instrumento técnico.</p> <p></p><figure><img src="https://hiperbolajanus.com/imgs/castellani.png" alt=""><figcaption>Leonardo Castellani durante sus últimos años de vida.</figcaption></figure> <p>En definitiva, Juan Manuel de Prada, al que hemos insertado, al menos en sus fuentes doctrinales, en el pensamiento católico y contrarrevolucionario, mediante un discurso actualizado y plenamente adaptado a los tiempos actuales, rechaza encuadrarse con toda forma de conservadurismo liberal, así como con otras corrientes «populistas» contemporáneas, cuyas críticas rara vez alcanzan el fundamento metafísico en el que insiste en colocar el núcleo de toda crítica y discusión. Su posición consiste en intentar restaurar una visión premoderna sobre el hombre sin renunciar por ello a comprender los problemas específicos del mundo contemporáneo.</p> <p>En definitiva, el pensamiento de Juan Manuel de Prada podría definirse como un intento de reconstruir la crítica católica de la modernidad desde una perspectiva metapolítica. Su originalidad reside en haber mostrado una enorme capacidad explicativa para trasladar las categorías del pensamiento contrarrevolucionario, fundamentalmente decimonónico, al mundo del siglo XXI. La capacidad para mostrar que el Occidente moderno sufre una crisis espiritual, que trasciende todas las explicaciones y variables de la ciencia política o la sociología actual, y nos obliga a recurrir nuevamente a una vieja y elemental pregunta que ya formularon los citados Leonardo Castellani y Donoso Cortés: <strong>«¿Qué es el hombre?»</strong>.</p> <p><a href="https://hiperbolajanus.com/posts/prada-pensador-tradicionalista-r78/" target="_blank">- Enlace a artículo -</a></p> <p>Más info en https://ift.tt/CmRj9bG / Tfno. & WA 607725547 Centro MENADEL (Frasco Martín) Psicología Clínica y Tradicional en Mijas. #Menadel #Psicología #Clínica #Tradicional #MijasPueblo</p> <p>*No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos. No todo es lo que parece.</p>

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