
<h4><i>Mística y Romanticismo. Las fuentes místicas del Romanticismo alemán</i> recoge cinco conferencias pronunciadas por el teólogo alemán Ernst Benz en el Colegio de Francia en 1963. Me aproximo aquí a algunas de las ideas del corazón del romanticismo, concebidas y expresadas a partir de la lectura de la fundamentación mística del idealismo que Benz propone en este libro.</h4>
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<p><b><i>De repente se rompió el vínculo del nacimiento</i></b></p>
<p><b><i>Se rompieron las cadenas de la Luz </i></b></p>
<h5><b>(Novalis)</b></h5>
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<p>En «En adorable azul» [<i>In lieblicher Bläue</i>], ese texto que se pregunta y fascina ante la infinitud del cielo, ante la pregunta que se abre a ojos humanos en la posibilidad de contemplar tal inmensidad, Hölderlin alcanza cierta claridad: «Con pleno mérito, mas poéticamente, vive el hombre en la tierra». Esta famosa frase contiene una idea fundamental, una idea que apunta a aquello que atraviesa el romanticismo, a la matriz de su esencia y sentido, aquella que nace de la teología y de una concepción casi teúrgica de la poética: ¿es Dios desconocido para el hombre? ¿Cómo se manifiesta en nuestros corazones? ¿Es el hombre a medida de Dios? En tanto que ser dotado de la capacidad de la creación y de admirar el adorable azul del cielo, el hombre es próximo a lo divino, pues encarna un lugar de su revelación. Es el nacimiento de un destello divino en el alma — el <i>göttlicher Seelenfunke </i>del Maestro Eckhart —,<i> </i>lo que conduce a la tarea irrenunciable de vivir poéticamente en la tierra; a aquello que Novalis reconoció como la tarea fundamental del espíritu romántico: romantizar la vida.</p>
<p>El poeta, el artista, como el místico, asisten a la revelación, pues experimenta en su propia carne la irrupción de lo divino; la expresión de Dios en sí mismo, sin mediación. Y es esta idea la que asimilaría el pensamiento idealista para formular sus fundamentos, aquella que permite asemejar, como hizo Novalis, el poeta al sacerdote. Es la manifestación creadora la que hace visible el destello divino en el hombre, pues es esta la fuente y no otra: «Tus esfuerzos para asimilarte a lo divino serán vanos por toda la eternidad si primero no te has apropiado lo divino, es decir, si no brota en ti mismo la fuente de genialidad creadora», afirma Franz von Baader. Es la poesía la que conduce a la realización de la tarea del hombre-espíritu: reconducir su existencia hacia lo divino; escalar del límite de la aguja al cielo; ascender desde lo revelado a lo revelador; reconstruir el templo; emprender la búsqueda de la Flor azul, de aquello que de divino hay en nosotros.</p>
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<p><b><i>Fuego en el alma es destello de Dios · </i></b><b><i>el fuego que soy es Dios mismo</i></b></p>
<p>En <i>Mística y Romanticismo. Las fuentes místicas del Romanticismo alemán,</i> editado en español por <a href="https://www.siruela.com/catalogo.php?id_libro=2968&completa=S">Siruela</a> con traducción y aparato de notas de María Tabuyo y Agustín López, Benz muestra cómo el pensamiento idealista, base teórica del romanticismo, se apoya en un sustrato místico que permite comprender sus ideas nucleares y su poesía. Explica Benz que fue una tendencia común en los filósofos del idealismo la consideración de las fuentes místicas como respuesta a la búsqueda de un retorno a lo primordial de la filosofía religiosa, lo que consideraron la tarea principal de su tiempo. Fichte, Hegel y Schelling, entre otros, junto con figuras como Oetinger y Franz von Baader, se acercaron al misticismo alemán de la Baja Edad Media, principalmente al Maestro Eckhart y a la mística espiritualista del siglo XVII con Jacob Böhme, pero también a la especulación visionaria de Swedenborg —al que llegaron con la influencia de Saint Martin—, a la tradición cabalística introducida en Alemania por Reuchlin, así como al pensamiento de la India.</p>
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<p>Son estas las semillas que engendran el ideal del Genio romántico: pues se produce una analogía entre el místico en su unión con Dios y el Genio, ya que la genialidad creadora es un fruto de lo Absoluto; la realización del Espíritu en una manifestación dada, en una obra, a través del artista.</p>
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<p>Fue Franz von Baader uno de los principales responsables de la recuperación del pensamiento del Maestro Eckhart, introduciéndolo en sus seminarios de Munich y afirmando que él superaba a todos los demás místicos. Hegel también reconoció en Eckhart una primera constatación y confirmación de la filosofía del Espíritu; en la idea de que el Absoluto llega a conocerse a sí mismo a través de un proceso de manifestación, de modo que no hay una oposición definitiva: «El ojo con el que Dios me mira es el ojo con el que yo miro, mi ojo y su ojo son idénticos», dice Eckhart.<span> </span>También fue von Baader quien reintrodujo las ideas de Jacob Böhme, el «filósofo teutónico», seguidor de Eckhart, con la intención de configurar y sostener una nueva terminología de base mística para el pensamiento idealista. Y puede apreciarse tanto en la filosofía como en la poesía la impronta y el espectro de esta raíz mística.</p>
<div style="width:499px;"><img src="https://elhombreylodivino.com/wp-content/uploads/2026/06/IMG_3534-scaled.jpeg" alt="" width="489" height="623"><p>Portada del libro Mística y Romanticismo, de Ernst Benz. © Marta Serrano Jiménez</p></div>
<p>Además de Böhme y Eckhart, también fue crucial la teología visionaria de Swedenborg, especialmente su concepción de la inmortalidad del alma que llega a los románticos alemanes a través de Oetingen y que es la clave que sustenta el ideal romántico del amor más allá de la muerte que está en el fundamento de obras como <i>Clara, o sobre la vinculación de la naturaleza con el mundo espiritual</i> de Schelling. Si es el reconocimiento de las almas en el espacio del no-tiempo angélico lo que manifiesta la fuerza suprema del amor, entonces este reconocimiento no está sujeto al tiempo, sino fuera de él, en el espacio liminal que nos aproxima a lo divino.</p>
<p>Por otro lado, en este contexto empezó a calar la entrada de la filosofía oriental, a través de pioneros en indología como Friedrich Schlegel, conocedor del sánscrito y autor de <i>Sobre el idioma y la sabiduría de los indios</i> (1808). Al descubrir la filosofía india, los idealistas, fascinados aún por la filosofía de la antigüedad griega descubren una filosofía aún más antigua que viene a confirmar un misticismo universal. Esta idea, reforzada por la prerrogativa de Saint Martin de que el hombre tiene la misión de reconciliarse con lo divino expuesta en <i>El ministerio del hombre-espíritu</i>, supuso que la tarea suprema del hombre fuera, por tanto, restaurar la unidad originaria entre la humanidad y Dios.</p>
<p><b><i>+</i></b></p>
<p><b><i> En la materia </i></b><b><i>consciente de sí el espíritu </i></b></p>
<p>En el marco del pensamiento idealista, la concepción de la chispa divina del hombre, la <i>göttlicher Seelenfunke,</i> fue interiorizada como fundamento para la concepción de la conciencia como base de la realidad, ya que se interpreta que «el Espíritu se ha vuelto consciente de sí en el hombre», y a la luz de la filosofía de Fichte, ese espíritu consciente de sí se identifica con el Yo creador. Esta idea, junto con la de la <i>Selbstschöpfung</i>, la «autocreación» del hombre, anticipa la doctrina idealista en la que el Espíritu Absoluto creador se realiza y actualiza en el alma humana.</p>
<p><span>Son estas las semillas que engendran el ideal del Genio romántico: pues se produce una analogía entre el místico en su unión con Dios y el Genio, ya que la genialidad creadora es un fruto de lo Absoluto; la realización del Espíritu en una manifestación dada, en una obra, a través del artista.</span></p>
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<p>Para Schelling el cuerpo puede entenderse como una extensión del Espíritu, pues es el medio a través del cual el Espíritu se manifiesta en el mundo. No hay separación, y es así el cuerpo, como el adorable azul del cielo, la esfera que permite la contemplación y que implora a habitar poéticamente la tierra</p>
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<p>Esta realización de Dios que el Genio manifiesta, a la luz del idealismo y su concepción escatológica de la filosofía de la historia no es sino síntoma de una avanzada revelación de lo Absoluto, ya que, plantea Schelling en su <i>Sistema del idealismo trascendental, </i>que «tomada en su conjunto, la historia es una revelación continua y progresiva del Absoluto». La expresión creadora del genio romántico constituye entonces un estado final de esta revelación, lo que Hegel concibió como un estado de culminación del Espíritu absoluto, un final de los tiempos. La diferencia entre ambos, motivo de la disputa entre Hegel y Schelling, fue la manera en la que debía concebirse esa revelación. Para Hegel la idea de Dios supone el «<i>ens manifestativum sui</i>», es decir, el ente que se manifiesta a sí mismo y se da como proceso historico-dialéctico desplegándose objetivamente en el arte, la filosofía y la religión. Esta manifestación se da como proceso mediante el cual el Espíritu absoluto se hace consciente de sí mismo, mediante la revelación de Dios en el hombre. Para Schelling, esta revelación no es del todo racionalizable, ya que contempla, como expone en <i>Las edades del mundo</i>, la noción del «fondo oscuro», del <i>Grund</i> que viene sin duda alguna de la noción del <i>Ungrund</i> [sin fondo], el abismo insondable de Jacob Böhme, que a su vez emana del <i>Ursprung</i> eckhartiano. Este fondo-origen, esta luminosa nada apela a una totalidad pre-racional que presupone una «libertad inasible» que admite toda posibilidad, incluido el Mal. Y es irracional en la medida en que lo finito (la razón humana) no puede contener lo infinito. La luz de la razón ilustrada se ve así devastada ante la inmensidad de la oscuridad, lo que quedaría reflejado en los <i>Himnos a la Noche</i> de Novalis: <i>los días de la Luz están contados; pero fuera del tiempo y del espacio está el imperio de la Noche. </i></p>
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<p><b><i>Raíz – irradiación </i></b></p>
<p>Ante esta cuestión de la revelación de Dios, núcleo de la <i>Naturphilosophie</i> del idealismo alemán, hay que atender al influjo de la tradición cabalística.<span> </span>Esto es lo que rastrea Benz en la cuarta conferencia, atendiendo muy especialmente al caso de Schelling. La cábala estuvo presente en los seminarios de teología, y especialmente en el Tübinger Stift, al que asistieron Hegel, Hölderlin y Schelling, así como en los círculos pietistas de la época próximos a Oetinger. La presencia fue especialmente a través de la reinterpretación cristiana de la cábala por Reuchlin, estudiado en los seminarios, si bien fue Oetinger el más representativo mediador de las ideas cabalísticas para los idealistas, especialmente para Schelling. De hecho, es bajo influencia de Oetinger que Schelling llega a la idea de la «manifestatio sui» en su filosofía de la naturaleza, partiendo de la doctrina de la irradiación cabalística. Son esta idea y la del <i>Ungrund</i> las que permitirán a Schelling vehicular una crítica al idealismo puro y abstracto, en línea con Oetinger, y reivindicar el aspecto físico de lo espiritual, en su concepción de lo que denominaría <i>Ideal-Realismus</i>.</p>
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<p>Solo el velo se desvela, jamás la Noche, cuando el hombre mira hacia a sí mismo para descubrir que ese fuego que despierta en el centro-abismo de su ser no es sino una llama azul del fuego de la eternidad.</p>
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<p><span>Para Schelling el cuerpo puede entenderse como una extensión del Espíritu, pues es el medio a través del cual el Espíritu se manifiesta en el mundo. No hay separación, y es así el cuerpo, como el adorable azul del cielo, la esfera que permite la contemplación y que implora a habitar poéticamente la tierra</span>. Este cuerpo es un cuerpo intermedio entre lo físico y espiritual; un «cuerpo celeste», por servirnos de la idea de Henry Corbin, ya que se concibe como <i>Leiblichkeit</i>. Y el hecho de que el <i>Leib</i> sea una dimensión de la corporalidad vivida distinta del <i>Körper</i> —el cuerpo biológico —, implica que Schelling concede una entidad anímica a la <i>physis</i>, asumiendo la indivisibilidad tanto de lo visible como de lo invisible. Es este cuerpo celeste el que conduce a cada ser caído a elevarse —y esto nos diferencia radicalmente de los ángeles— al reino de la luz, de reconducirlos a la «tierra celeste». Esa patria celeste a la que tenderá también Saint Martin. Y es esta idea del cuerpo la que, a pesar de sus ideas de la muerte como «esencificación» (la vuelta a la esencia, la fusión en lo Absoluto) lo que distancia a Schelling, al menos parcialmente, del gnosticismo.</p>
<div style="width:328px;"><img src="https://elhombreylodivino.com/wp-content/uploads/2026/06/Caspar_David_Friedrich_-_Kreuz_im_Wald-230x300.jpg" alt="" width="318" height="415"><p>«Cruz en las montañas» (1813), de Caspar David Friedrich. © Galerie Neue Meister (Dresde).</p></div>
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<p style="text-align:left;"><b><i>Luz velada</i></b></p>
<p>Luz en la oscuridad que es luz-oscuridad. Luz velada, pues siendo todo aquello que ha sido, es y será, no puede mostrarse más que en el destello: lo re-velado no es igual a lo des-velado. <span>Lo revelado es el aparecer en lo concreto, la manifestación de la causa; mientras que lo desvelado no puede aparecer en el intelecto más que como nostalgia. Luz que, por velada, hace visible la ausencia, la falta que engendra en el alma el deseo ardiente del retorno a la patria celeste; ese no-lugar del cuerpo de luz al que apunta el azul del cielo.</span></p>
<p>Tal es la voluntad del Filósofo Desconocido: Saint Martin, a quien Benz dedica la última y más larga de las conferencias. Fue este y no Chateaubriand el pensador francés que más influyó en los círculos filosóficos y teológicos alemanes de su tiempo, sobre todo a partir de la traducción de Franz von Baader, responsable de la introducción de sus ideas en el núcleo del pensamiento idealista. A la luz de <a href="https://elhombreylodivino.com/jacob-bohme-como-mistico/">Böhme</a> y Swedenborg, Saint Martin asume la idea de Martinez de Pasqually del hombre-Dios, el hombre capaz de llegar a ser como aquel que los ha creado a su imagen y semejanza. Esta idea, capital de <i>El ministerio del hombre-espíritu </i>(1802), implica que el hombre es ministro y cooperador de la voluntad divina y tiene por misión en el mundo la de devenir su imagen y semejanza; imagen que, por divina, ha de permanecer velada.</p>
<p><span>Solo el velo se desvela, jamás la Noche, cuando el hombre mira hacia a sí mismo para descubrir que ese fuego que despierta en el centro-abismo de su ser no es sino una llama azul del fuego de la eternidad.</span> Es esa luz velada la que conduce a la intuición de lo no-visible, lo inconmensurable, siendo esa chispa que despierta en el hombre solo, luz-llama que guía a la Unidad inconcebible; aquella por la que los románticos en su lúcida aclamación afirmaron la superioridad de la Noche.</p>
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