Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

sábado, 15 de agosto de 2026

La ballena en el estanque: Thoreau, Melville y lo sagrado


<p><strong>Thoreau pasa dos años frente a una laguna que cabe en su mirada; Melville se embarca en un océano sin fondo. De aquellas aguas nacen <i>Walden</i> y <i>Moby Dick</i>: dos obras que nos invitan a buscar lo sagrado, desde la laguna delimitada hasta el mar infinito, y que, en plena crisis de atención, nos enseñan a mirar.</strong></p> <p><span></span></p> <p> </p> <p>El mar es un infinito cercado; el estanque, un espacio de agua que se desborda en la imaginación. En 1845, Henry David Thoreau construyó una cabaña de madera con sus propias manos. Estuvo dos años viviendo allí, frente a la laguna Walden de Concord (Massachusetts), observando los cambios de tonalidades en los árboles, el reflejo del agua, los animales que pasaban. Con este experimento de vida en solitario quería demostrar que podía vivir en comunión con la naturaleza, lejos del estrépito de la industrialización. Herman Melville, en su primera campaña ballenera, se enroló en el barco <i>Acushnet</i> a finales de 1840 y estuvo embarcado cerca de un año y medio hasta que desertó con un compañero en las Islas Marquesas. La vida en los bosques le sirvió a Thoreau para escribir <i>Walden</i>; la de Melville en el mar le inspiraría <a href="https://sextopiso.es/esp/item/228/index.php"><i>Moby Dick</i>.</a></p> <p>En las dos obras, la ballena y la laguna son símbolos de lo más profundo del ser humano: la búsqueda de sentido y la comprensión de uno mismo y de los otros. La ballena representa lo salvaje y desconocido, lo divino y misterioso. El océano insondable es lo que carece de marco, igual que el cielo: es aquello que no puede abarcarse por completo con la mirada. Por el contrario, la laguna es el paisaje acotado que se comprende de un solo vistazo, pero no por ello es menos enigmático. Es un misterio distinto, más amable, ligado a la mirada de Thoreau, inspirada por el trascendentalismo y por una visión idealizada del mundo natural.</p> <p>Para Thoreau, la naturaleza puede leerse como un libro. Basta aprender a mirar. Es la misma confianza que María Zambrano dejaría escrita en <i>Claros del bosque</i>: «A las aguas se va dispuesto a escuchar», confiando en que «todo lo que es natural tenga una palabra que dar, su logos recóndito celosamente guardado». Lo divino, descubre Thoreau, se manifiesta en lo pequeño: en el crecimiento de las plantas y los árboles, en el agua de la laguna que reverbera como un cristal.</p> <p>Cada mañana, Thoreau trataba de vivir con la máxima sencillez: «Me levantaba temprano y me bañaba en la laguna; era un ejercicio religioso y una de las mejores cosas que hacía». Algunos de sus días más gratos fueron los lluviosos, cuando se refugiaba en la cabaña y pensaba. Y relata también cómo las noches lo unían con el misterio de la naturaleza, como un día en que fue a pescar en la oscuridad y se adentró con un bote en las aguas de la laguna:</p> <p>«Por fin, vas izando lentamente, mano sobre mano, algún pez gato que, chirriando y retorciéndose, emerge a la superficie. Resultaba muy singular, sobre todo en las noches oscuras, cuando tus pensamientos vagaban por temas vastos y cosmogónicos en otras esferas, sentir ese leve tirón que interrumpía tus ensueños y te vinculaba de nuevo con la Naturaleza. Parecía como si pudiera lanzar el sedal tanto hacia el aire como hacia este elemento, que apenas era más denso. Así, pescaba dos peces con un solo anzuelo».</p> <blockquote><p>En las dos obras, la ballena y la laguna son símbolos de lo más profundo del ser humano: la búsqueda de sentido y la comprensión de uno mismo y de los otros.</p></blockquote> <p>En el océano de <i>Moby Dick</i>, de vez en cuando aparecen inmensos campos de <i>brit</i>, de un color amarillo, que al marinero Ismael, protagonista de la novela, le recuerdan a campos arados. Es en estos pasajes donde la naturaleza del mar es verde y apacible como la tierra mansa. Melville dice que en el alma de cada hombre hay una isla de paz rodeada por los horrores de la vida a medio conocer y advierte que uno no debe apartarse de esa isla, pues si lo hace no podrá volver. Para Thoreau, esa tierra tranquila es la que rodea su casa. En el pequeño huerto frente a la cabaña, se dedica a plantar judías, no porque realmente las necesite para alimentarse sino porque «alguien debía trabajar en el campo, aunque solo fuera por su valor como metáfora y porque un día pudieran inspirar a un creador de parábolas».</p> <p>Thoreau pesca en las aguas serenas de Walden, mientras que Melville caza ballenas entre las tempestades del océano. En la obra del ballenero, lo divino se oculta, algo que Ismael vive con humildad. El marinero relata su turno de vigía en la cofa, en lo alto del mástil: un lugar, dice, muy agradable y propicio a la contemplación. Confiesa que hace muy mal las guardias: «Con el problema del universo girando dentro de mí, solo en una altura que tanto invita al pensamiento, ¿cómo iba a cumplir mis obligaciones de ballenero? ». Y advierte, irónico, a los armadores de Nantucket que no alisten en sus flotas a ningún muchacho de frente enjuta y ojos hundidos, propenso a la meditación intempestiva, que sube al palo mayor con el <i>Fedón</i> en la cabeza. Ese joven platónico y soñador no conseguirá ni una gota de aceite de ballena:</p> <p>«Porque ese muchacho queda mecido en una modorra de ensueño vacío e inconsciente, adormecido por la cadencia mezclada de las olas y los pensamientos, hasta que al fin pierde su propia identidad. Toma el místico océano a sus pies por la imagen visible de esa alma honda, azul y sin fondo que impregna la humanidad y la naturaleza. Y cualquier cosa extraña, apenas entrevista, elusiva y hermosa que se le escapa —cualquier aleta que emerge confusamente de alguna forma indiscernible— le parece la encarnación de esos pensamientos fugaces que solo habitan el alma de pasada, atravesándola sin detenerse. En ese estado de encantamiento, el espíritu fluye de regreso a su origen, se difunde por el tiempo y el espacio. No hay vida en ti entonces, salvo la vida mecedora que te presta el balanceo del barco; y el barco la tomó prestada del mar, y el mar de las mareas insondables de Dios».</p> <blockquote><p>Frente al mar o a la laguna, nos sentimos pequeños ante lo sagrado.</p></blockquote> <p>Melville escenifica así ese éxtasis y lo remata con una advertencia: «¡Tenedlo en cuenta, panteístas!». A ese muchacho le basta soltar un instante la mano del mástil para caer al mar. Ese vértigo es lo contrario de la confianza contemplativa que en Thoreau es una teofanía apacible. Ismael en la cofa, con los pensamientos perdidos en el oleaje y ajeno al Leviatán; Thoreau en un bote al anochecer, más cerca de las estrellas que de los peces que lo acompañan.</p> <p>Pero también la laguna guarda su abismo: los vecinos de Concord, en la época de Thoreau, contaban que Walden y las lagunas cercanas no tenían fondo. Al escritor le complacía esta fábula, pero decidió medir la profundidad de la laguna con un sedal y una piedra. Escribió: «Agradezco que esta laguna se creara profunda y pura como símbolo. Mientras los hombres crean en lo infinito se pensará que algunas lagunas no tienen fondo». Tras sondearla palmo a palmo, halló su punto más hondo: 102 pies, unos treinta metros. La medida no agotaba el misterio: que Walden tuviera fondo no la volvía menos sagrada. Thoreau llama a la laguna «el ojo de la tierra»: quien se asoma a ella mide la hondura de su propia naturaleza. En eso consiste su misterio: un abismo que puede medirse, una hondura que aún cabe en la mirada. Thoreau sondeó la laguna y encontró un lecho; Melville se encontró con un mar sin fondo posible habitado por el Leviatán.</p> <div style="width:925px;"><img src="https://elhombreylodivino.com/wp-content/uploads/2026/08/Sperm-whale.jpg" alt="" width="915" height="463"><p>Cachalote (Physeter macrocephalus), obra del ilustrador y pintor escocés Archibald Thorburn (1860-1935), publicada en Thorburn’s Mammals por Longmans and Co. hacia 1920. Litografía en color.</p></div> <p>Antes de que Ismael zarpe, el padre Mapple da un sermón en la Capilla del Ballenero de New Bedford, cuyo púlpito se asemeja a la proa de un barco. En el sermón evoca la historia bíblica del profeta Jonás, quien huye de un encargo de Dios, se lo traga una ballena, y allí, en el abismo de las aguas, se encuentra con lo divino antes de ser expulsado a la tierra. El mar, en este relato, es juicio y soberanía. Thoreau hace el movimiento opuesto: se sumerge en las aguas de Walden para darse un baño, como un bautizo, para pescar o contemplar los pájaros. Esa laguna es un mar acotado y desprovisto de lo terrible y lo sublime, sin un Dios airado y sin naufragio. Ismael, sin embargo, es un Jonás: sobrevive solo, flotando sobre el ataúd de su compañero Queequeg convertido en boya, después de que la ballena destroce el barco. Es el único que escapa para contarlo, como aquel mensajero del <i>Libro de Job</i> cuyas palabras Melville coloca al frente de su epílogo: «Y solo yo escapé para contároslo».</p> <blockquote><p>Melville nos enseñó que el ser humano no puede vencer los designios de la naturaleza: en el océano reconocemos lo insondable que hay en nosotros. Thoreau nos mostró una laguna en la que mirarnos y encontrar un sentido.</p></blockquote> <p>Ismael y Thoreau son observadores de la naturaleza, cada uno en su medida, pero no la desafían. Incluso Ismael, en su labor de ballenero, tiene una mirada que no trata de medirse con el Leviatán. La ballena, aureolada por la blancura, es aquello que escapa a la comprensión humana y que encarna el misterio. En cambio, Ahab, el capitán del <i>Pequod</i>, sí desafía a la ballena. Desde que Moby Dick le arrancó una pierna, vive para vengarse: mira la naturaleza a través de un velo de ira metafísica, como si tras ella se ocultara un enemigo al que herir. Esa ira encuentra su símbolo una noche de tormenta, cuando los tres mástiles del barco arden con fuegos de San Telmo como si fueran cirios ante un altar, y el propio arpón de Ahab arde también con una llama pálida. Toda la tripulación tiembla, convencida de que es el fuego de Dios advirtiéndoles del desastre, y le suplica que abandone la caza. Pero Ahab, lejos de arredrarse, empuña el arpón encendido como una antorcha, pronuncia un desafío de adoración al fuego y termina apagando la llama de un soplo: un gesto de voluntad pura con el que dice extinguir «el último miedo».</p> <p>Siglo y medio después, el vigía distraído de Melville se ha convertido en nuestro retrato invertido. Ya no nos perdemos, como él, por exceso de contemplación, sino por incapacidad de contemplar: encaramados a una atalaya de pantallas, azuzados por el algoritmo, sobrevolamos un oleaje de estímulos donde ninguna aleta puede asomar. Thoreau presintió ese vértigo cuando el ferrocarril rozó sus bosques: «No viajamos en el ferrocarril: es él quien viaja sobre nosotros». Y su respuesta sigue a nuestro alcance: fue a la laguna, escribió, porque quería «vivir deliberadamente». Un siglo después, Simone Weil anotó en <i>La gravedad y la gracia</i> la fórmula de esa alquimia: «la atención absolutamente pura es oración».</p> <p>Melville nos enseñó que el ser humano no puede vencer los designios de la <a href="https://elhombreylodivino.com/ramificaciones-de-lo-sagrado/">naturaleza</a>: en el océano reconocemos lo insondable que hay en nosotros. Thoreau nos mostró una laguna en la que mirarnos y encontrar un sentido. Quizá ambos apuntan al mismo ejercicio: sondear a diario nuestra propia laguna, reposar el pensamiento y notar, cuando la dispersión nos arrastre, el leve tirón que nos vincula de nuevo a lo real. Lo divino no depende del tamaño de las aguas, sino de la mirada que se posa en ellas. Frente al mar o a la laguna, nos sentimos pequeños ante lo sagrado. Pero podemos percibir sus aguas en nuestro interior, pues somos parte del mismo universo. Una ballena cabe en un estanque. En una laguna caben todos los océanos del mundo.</p> <p><a href="https://elhombreylodivino.com/thoreau-melville-y-lo-sagrado/" target="_blank">- Enlace a artículo -</a></p> <p>Más info en https://ift.tt/6Veo8lt / Tfno. & WA 607725547 Centro MENADEL (Frasco Martín) Psicología Clínica y Tradicional en Mijas. #Menadel #Psicología #Clínica #Tradicional #MijasPueblo</p> <p>*No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos. No todo es lo que parece.</p>

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