
<h4>La figura de la Sibila o Pitia fue considerada como una figura mediadora entre la energía divina y la condición humana. Su función era la búsqueda de un mensaje de anticipación sobre la propia vida, profundizando sobre la condición humana, y paradójicamente ofreciendo, con dicha información, la posibilidad de liberación de la angustia ante la incertidumbre. Se trataba de una figura oracular, inspirada en ocasiones por Apolo, que hablaba desde un saber de lo no evidente. Las Sibilas tenían su lugar en espacios inusuales. Sus profecías eran manifestadas siempre en lenguaje críptico y eran expresadas en hexámetros griegos que se transmitían por escrito. En la Grecia clásica, la Sibila encarnaba el arquetipo de la profetisa y la sacerdotisa, mujer de consulta y vehículo de revelaciones divinas. Por su enorme prestigio como augur, esta legendaria adivina fue reelaborada por el monoteísmo judeocristiano, asumiendo un papel en el cristianismo como transmisora de lo sagrado.</h4>
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<p><i>Nada te importe detenerte allí</i></p>
<p><i>cuanto fuere preciso;</i></p>
<p><i>aunque te increpen tus compañeros,</i></p>
<p><i>aunque los vientos te brinden</i></p>
<p><i>y aun te fuercen a darte la vela,</i></p>
<p><i>soplando prósperos, no dejes de ir a</i></p>
<p><i>buscar a la Sibila y de implorar</i></p>
<p><i>con creces sus oráculos, aguarda a que</i></p>
<p><i>te los dé, aguarda a que benévola</i></p>
<p><i>te haga oír su voz».</i></p>
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<p><i>Eneida, </i>Virgilio.</p>
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<p><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span>María es para mí/como una sibila/a la cual tenuemente nos acercamos/creyendo oír el centro de la tierra/y el cielo de empíreo/que está más allá del cielo visible<i>».</i></p>
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<p>José Lezama Lima (Sobre María Zambrano)</p>
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<p><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span>María Zambrano excede las páginas en las que se recoge su pensamiento convirtiéndose en germen, «en sibila», capaz de iniciar senderos que podríamos llamar «inspirados», como se constata cuando recorremos la obra de pintores, músicos o poetas, por ejemplo, para quienes Zambrano ha sido y es fuente constante de un aprendizaje que impregna cada acto creativo transformado, así, en auténtico espacio de conocimiento<i>»</i>.</p>
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<p>El agua del soñar: desde <i>La tumba de Antígona, <span>María Fernanda Santiago Bolaños.</span></i></p>
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<p><span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span></span>El discurso filosófico occidental está unido a la oralidad y necesita de la poesía, del punto de vista femenino como invocación poética. A la mujer sabia en las más antiguas democracias se la recluía en algún paraje de difícil acceso como destierro. Sibila o hablante, era diferente y superior pero apartada. La que sabe, maldita en los patriarcados que reverenciaron su poder<i>».</i></p>
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<p>Carmen Velasco Rengel</p>
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<p><span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span></span>Repentina presencia, órbita de plenitud o de claridad, en la que no siempre se puede entrar, como en los claros del bosque, y a la que sobre todo no se puede ir con la prefiguración del propósito, la intención, el método o la simple interrogación<i>».</i></p>
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<p>José Ángel Valente acerca de <i>Claros del bosque</i>, de María Zambrano.</p>
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<p><span>L</span>a naturaleza oracular de Apolo es del tipo que llamaríamos <span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span></span>psíquica<i>»</i>. El <span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span></span>psiquismo<i>»</i> entendido como una especie de participación mística, con capacidad de trascender los propios límites y de fundirse con la psique colectiva . La profecía solar es previsión, es decir, visión previa. Más bien intuitiva, su sabiduría se basa en una percepción de símbolos transpersonales o arquetípicos.</p>
<p>AI oráculo de Apolo se lo llamaba también el de Doble Lengua, porque nunca se podía estar totalmente seguro del claro significado de la respuesta. Todo dependía del nivel de interpretación. No era profético en el sentido literal, pero permitía una opción de comprensión al consultante de la misma manera que las imágenes de un sueño tienen múltiples niveles y se pueden comprender en diversos niveles.</p>
<p>El mito de la Sibila nació en Asia Menor y de allí pasó a Grecia y después a Roma. La palabra <span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«s</span></span>ibila<i>»</i> procede, a través del latín, de la palabra en griego antiguo <span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span></span>σιβνλλα<i>»</i>, cuyo significado es <span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span></span>consejo del dios<i>»</i>.</p>
<p>Las primeras videntes oraculares conocidas como Sibilas profetizaban en ciertos sitios sagrados, como cuevas, grutas o cerca de corrientes de agua, probablemente todos ellos santuarios naturales de origen pre-indoeuropeo, bajo la influencia de una deidad, usualmente, Apolo y originariamente alguna de las diosas ctónicas. Las profecías se manifestaban siempre fuera del contexto espacio-tiempo. Sus palabras eran recogidas por sacerdotes asistentes, con gran dificultad de interpretación.</p>
<p>En Delfos, desde la tradición más antigua se asegura que hubo un primer santuario consagrado a la diosa Gea, guardado por su hijo Python (un dragón o serpiente); Apolo, según la leyenda, dió muerte a Python, tomando posesión del templo. <a href="https://elhombreylodivino.com/la-nostalgia-del-heroe/">Homero</a> nos habla de esta fundación legendaria en su Himno a Apolo. Del monstruo al que Apolo dio muerte le vino el nombre de Pitia a la sacerdotisa y profetisa de su templo. Hay evidencia histórica de actividad en el oráculo de Delfos desde el siglo VIII a.C. Las consultas se celebraban un día al mes, el día 7, considerado la fecha del nacimiento de Apolo. Primero la Pitia realizaba una ofrenda quemando hojas de laurel (árbol consagrado a Apolo) y harina de cebada (sagrada para Gea, cuyo culto en Delfos era muy anterior al de Apolo). A continuación, se pagaban las tasas correspondientes y por último el consultante se presentaba ante la Pitia y hacía sus consultas.</p>
<blockquote><p>Así pues, podemos considerar a las Sibilas como mediadoras de lo <i>imaginal</i>. Compañeras de los íncubos de Apolo. Mediante el calificativo <i>imaginal</i> nos referimos a la cualidad que caracteriza esta tradición, es decir, al ejercicio de la imagen y de la imaginación con un estatus espiritual y que se desarrolla en el interior del sujeto, en una zona intermedia, no espacial sino existencial, entre la comunicación divina y la humana.</p></blockquote>
<p>Se sabe que la Pitia se sentaba en un espacio llamado <span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span></span>aditon<i>»</i>, al fondo del templo de Apolo (Αδυτων: <span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span></span>fondo del santuario<i>»</i>; τo αδυτoν <span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span></span>lugar sagrado de acceso prohibido<i>»</i>), sobre una hendidura en la Roca Sibilina, y caía en trance hasta que recibía el mensaje del dios; sus palabras durante este estado eran interpretadas como predicciones recibidas de Gea, que expresaban la voluntad sagrada. Este espacio ritual con el trípode especial que la sostenía en lo profundo de una grieta, aspirando gases o efluvios, era lo que le permitía a la Pitia expresar su visión y responder a la pregunta que le hacía llegar el sacerdote que ritualmente la acompañaba. Finalmente era este último quien formalizaría el mensaje en forma de verso para entregarlo al consultante.</p>
<p><span><span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span></span></span>A tiempo divino<i>»</i>, era el plazo en el que se cumplirían los vaticinios. Primero la pregunta, luego la visión, la evocación de la críptica respuesta, más tarde la interpretación del sacerdote y al final la revelación.</p>
<p>Entre las Sibilas más célebres, podemos señalar a la llamada sibila Cumana, a la que Apolo le concedió vivir nueve vidas humanas, cada una de cien años, de ahí su dilatada presencia. Otras son la sibila pérsica que atendía en el oráculo de Apolo y la líbica que representaba el oráculo de Zeus, a quien se le atribuye el presagio del Apocalipsis <span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span></span>[…] la llegada del día en que todo lo que está oculto será revelado<i>»</i> y así hasta varias Sibilas importantes.</p>
<p>Las guerras y luchas políticas marcaron la celebridad de las sacerdotisas que lograron presagiar eventos importantes, como fue la visión (de la ambigua y desautorizada Casandra) sobre la caída de Troya. Estos presagios están relacionados con las Sibilas más antiguas, como son el caso de la Sibila Herófila y la de Eritrea.<span> </span>El fenómeno oracular sibilino se extendió por todo el arco mediterráneo de influencia griega, llegando a existir hasta nueve sibilas en época helenística. Una décima sibila se añadiría en época romana. La más famosa y primera de todas ellas, la Pitia, fue sin embargo perdiendo importancia con el fin de la época grecorromana y el cristianismo.</p>
<p>Las representaciones de las Sibilas se desvirtuaron cuando se interpretaron sus predicciones en clave cristiana, queriendo ver en ellas el equivalente arcano a los profetas. Todas ellas fueron representadas en el arte cristiano con un libro, rollo o escrito donde mostraban parte de sus oráculos, como era costumbre en la representación de cualquier profeta.</p>
<p>Se duplicaba así el modelo iconográfico del profeta masculino en femenino.</p>
<p>Sin embargo, las Sibilas fueron generalmente representadas de forma aislada como la Sibila Cumana, que acompaña a Eneas en su descenso al Hades según Virgilio, la Sibila Eritrea, que anuncia el Apocalipsis, o la Sibila Tiburtina, que profetizó el nacimiento de Cristo al emperador Augusto.</p>
<p>Ellas, discretas y de carácter melancólico, mantenían un gesto introvertido y sutil (el descrédito cristiano las transfiguró en histriónicas) como cuenta Mircea Eliade «las precede como de natural principio y disposición, una vehemente imaginación, acogidas en lugares apartados y cuevas oscuras y tenebrosas». Eran, en la tradición clásica, seres sensibles e intuitivas, dotadas de una videncia especial que, con un lenguaje enigmático «sibilino» (que traspasaba los detalles de la realidad),<span> </span>vaticinaban el porvenir.</p>
<p>Pero ¿por qué acudir a ellas para considerar decisiones fundamentales sobre salud, amores o asuntos políticos, buscando augurios?: Es inherente al ser humano la necesidad del conocimiento de lo oculto y los misterios. Frente a encrucijadas vitales aparece la angustia de la volubilidad de nuestro destino. La pregunta abre un puente que nos permite acercarnos a lo que no sabemos ni del mundo, ni de nosotros mismos.</p>
<p>La visión oracular y la figura de la Sibila o Pitia, explica la natural y eterna necesidad de conocimiento del destino y el misterio de lo trascendente. Desde esta idea, el impulso de acceder a los conocimientos ocultos y los profundos significados sigue vigente.</p>
<p>Ya Homero en la <em>Ilíada</em> y Virgilio la <em>Eneida</em>—las nombran y describen, desde 1400 a.C. hasta 381 d.C.. Robert Graves, relata la antigua actitud de respeto por los diversos dioses antiguos que acceden a ayudar a los seres humanos, favoreciendo el impulso de indagar sobre los eventos que exceden su entendimiento, de ahí la necesidad de buscar la revelación divina. Este sentido de la consulta, y lo que desvela, lo describe muy bien Heráclito que relata la función de las Sibilas como <span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span></span>[…] el señor, de quien son los oráculos en Delfos, ni dice ni oculta nada, solamente indica<i>»</i>.</p>
<blockquote><p>Las representaciones de las Sibilas se desvirtuaron cuando se interpretaron sus predicciones en clave cristiana, queriendo ver en ellas el equivalente arcano a los profetas. Todas ellas fueron representadas en el arte cristiano con un libro, rollo o escrito donde mostraban parte de sus oráculos, como era costumbre en la representación de cualquier profeta.</p></blockquote>
<p>Así pues, podemos considerar a las Sibilas como mediadoras de lo <i>imaginal</i>. Compañeras de los íncubos de Apolo. Mediante el calificativo <i>imaginal</i> nos referimos a la cualidad que caracteriza esta tradición, es decir, al ejercicio de la imagen y de la imaginación con un estatus espiritual y que se desarrolla en el interior del sujeto, en una zona intermedia, no espacial sino existencial, entre la comunicación divina y la humana. De esta primera fuente, espiritual, podríamos subrayar, figuras visionarias como Las Sibilas (o posteriormente figuras místicas como Hildegard von Bingen, San Juan de la Cruz o el Meister Eckhart). Todas son figuras representativas de un tipo de imaginación visionaria.</p>
<p>Por imaginación visionaria entendemos la formación de imágenes reveladoras. Sea en las visiones reveladas desde el plano divino al humano o desde el humano a lo divino, su vista imaginativa no se comprende sin la relación entre dos de los sentidos espirituales, la visión y la audición. El ojo y el oído, dos de los sentidos más trascendentes, son la puerta de entrada para la visión del Self (El sí-mismo junguiano). Las imágenes en sí mismas son lo que son, pero solo la reflexión les da su significado e importancia.</p>
<p>Las imágenes como representaciones mentales subrayan lo que sabemos arquetípicamente, y están movidas por una emoción numinosa. La imaginación (no es fantasía, que está asociada a la voluntad yoica ) es una facultad interior del alma humana, no una mera reproducción o simulación exterior, así, como decía Henry Corbin <span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span></span>se forjan las imágenes imaginales o surreales como sueños, parábolas o mitos, formas geométricas o sencillamente imágenes visuales con un fuerte contenido simbólico<i>»</i>.<span> </span></p>
<div style="width:355px;"><img src="https://elhombreylodivino.com/wp-content/uploads/2026/08/John_Collier_-_Priestess_of_Delphi-1.jpg" alt="" width="345" height="697"><p>«La sacerdotisa de Delfos» (1891), creada por el artista británico John Collier.</p></div>
<p><span style="background-color:#ffffff;color:#313131;">Las imágenes devienen «manifestaciones reales de la psique que expresan la situación general de la dinámica entre consciente e inconsciente. Desde esta perspectiva, la imaginación se concibe como una función humana y un diálogo interior.</span></p>
<p>Hablar de la imaginación o de las imágenes puede hacerse solo desde un tipo de lenguaje más cercano a la poesía, porque no se trata de una comunicación sobre una realidad pragmática o literal, sino más bien permite describir realidades interiores y símbolos transpersonales.</p>
<p>Por tanto, podemos preguntarnos ¿Cómo se comunicaban las Sibilas?</p>
<p>¿Cómo se puede comunicar hoy en día, desde la psicología profunda esa investigación arquetípica? Probablemente, al igual que el arte, con los tres tipos de maneras: la analogía, el símbolo y la metáfora. De ahí que hablaremos de mitos o imágenes arquetípicas.</p>
<p>El valor de lo intuitivo, de la necesidad de conocer lo oculto no queda invalidado por el auge del logos como forma del entendimiento, la psicología profunda nos permite pensar en las formas arquetípicas de los mitos, para comprender los significados ocultos que, desde la antigüedad, se buscaba en los oráculos. La analogía con el psicoanálisis es evidente.</p>
<p>El resultado del oráculo está extrañamente entretejido con la opción de la persona para quien se pronuncia. Hay en juego una pauta que no se puede cambiar; pero al consultante le corresponde entender el nivel interior de la pauta y actuar en consecuencia. Consultar al oráculo es realmente una especie de vuelta hacia adentro, un acto meditativo que nos pone en contacto con un lado más inconsciente de nosotros mismos.</p>
<p>Muchas personas logran esto gracias al arte, la plegaria o a la meditación, y es un acto sagrado en el sentido más profundo, tal como lo era en los tiempos antiguos, cuando uno se aproximaba al dios.<span> </span>Y cuanto más sabemos quiénes somos, más probabilidades tenemos de actuar de acuerdo con nuestra propia verdad, o de acuerdo con lo que está bien para nosotros; e, incluso, aunque las consecuencias sean difíciles o dolorosas, nos permiten vislumbrar nuestros límites y nuestra fuerza.</p>
<p>Las Sibilas, como hemos visto, era el nombre que recibían las sacerdotisas al servicio del dios Apolo o Zeus, encargadas de proferir los oráculos divinos. Las referencias más antiguas se encuentran en Pausanias y, sobre todo, en la <em>Eneida</em>, donde Virgilio las define como <span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span></span>las aterradoras profetisas<i>»</i>, o las <span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span></span>santas sacerdotisas, sabedoras de lo porvenir, <span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span></span>la frenética adivina que allá en el fondo de su antro peñascoso va cantando los hados<i>»</i>, la <span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span></span>casta Sibila<i>»</i>, a quien acude Eneas tras participar en la Guerra de Troya.</p>
<p>Pero imaginemos….</p>
<p>De pronto, <a href="https://www.editorialkairos.com/catalogo/p/oraculo-de-la-pitia">La Sibila</a> habla:</p>
<p>«Se le transfigura el rostro, se le altera el color, se le desatan los cabellos, su pecho se vuelve anhelante, un delirio fiero atenaza su corazón, adquiriendo una estatura y una voz sobrehumanas, a medida que el espíritu del dios se le aproxima”.</p>
<p>En la antigüedad los griegos creían que los dioses se comunicaban con ellos fundamentalmente mediante oráculos. En la Grecia clásica, la Sibila era el arquetipo de la voz de la sabiduría del alma, y constituía a la vez el símbolo de la mujer arcaica que reunía muchos atributos encarnados antaño por las Diosas Madres del Paleolítico, las Magna Mater de Oriente y del mundo clásico grecorromano, como Isis, Ishtar, Deméter y Atargatis.</p>
<p>Como figuras legendarias parece que La Sibila más antigua (en la mitología griega) parece haber sido «Trofile», hija de Júpiter y de Lamia (hija de Neptuno), pero las más conocidas de las diez sibilas (o doce, según otras fuentes), son las cinco pintadas por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina: Cuma o Cumana, Persea o pérsica, Eritrea, Délfica y Líbica.<span> </span>Las diez sibilas más conocidas fueron : Délfica, Líbica, Cimeria, Tiburtina, Helespóntica, Europea, Cumana, Samia, Pérsica, Agrippa, Frigia y Eritrea.</p>
<p>Una narración que amplifica su trascendencia cuenta que la Sibila de Eritreas en Lidia era la misma que la Cumana y que había vivido cientos de años (razón por la cual Miguel Ángel la pinta en los frescos de la Capilla Sixtina como una anciana enérgica y vigorosa).<span> </span>Se decía que Apolo se había enamorado de ella cuando era una muchacha, prometiendo concederle el primer deseo que expresase. Ella le solicitó una larga vida olvidándose de pedirle juventud. El dios se la ofreció a cambio de su virginidad, pero ella lo rechazó. Así, a medida que envejecía, se volvía más menuda y seca, hasta que terminó pareciéndose a una cigarra.<span> </span>La encerraron entonces en una jaula que colgaba en el templo de Apolo en Cumas. Los niños le preguntaban: <span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span></span>Sibila, ¿qué quieres?<i>»</i> Y ella, harta de vivir, contestaba: <span><span style="font-family:Raleway, sans-serif;letter-spacing:0px;">«</span></span>Quiero morir<i>»</i>.</p>
<p>Se decía también que había ido a Roma durante el reinado de Tarquino, llevando consigo hasta nueve colecciones de oráculos. Ofreció vendérselos al rey, pero éste se negó a adquirirlos por considerar que el precio era excesivo. A cada negativa, la profetisa quemaba tres libros, manteniendo siempre el mismo coste. Al final, Tarquino compró los tres últimos por la cantidad inicial y los depositó en el templo de Júpiter Capitolino. Una vez cumplida su misión, ella desapareció. Durante la república y hasta el período de Augusto, estos libros sibilinos ejercieron gran influencia en la religión romana. Unos magistrados especiales estaban encargados de su conservación y los consultaban en caso de algún suceso extraordinario, pues en ellos había escritos reflexiones, prescripciones religiosas, rituales, cultos o sacrificios, especiales que permitían afrontar cualquier situación imprevista.</p>
<p>Fue san Agustín, en el siglo V, quien introdujo definitivamente a la Sibila Eritrea en la tradición cristiana. En torno al siglo X, la figura de la Sibila aparece por primera vez como composición musical con estribillo en un manuscrito de la abadía benedictina de San Marcial de Limoges, y arraiga definitivamente en el sur de Europa a partir del siglo XII, por lo general, en las catedrales. El manuscrito de Limoges sirvió como base argumental para la realización de dramas litúrgicos vinculados con la Navidad, denominados el Canto de la Sibila, de melodía gregoriana. Se interpreta de forma tradicional en la Misa de Gallo en las iglesias de Mallorca y Cataluña principalmente.</p>
<p>En el Canto de la Sibila las visiones apocalípticas son trágicas y desgarradoras, pero la música que las acompaña es armónica y mágica. Se cantó durante siglos por la voz de un niño o voz blanca, ya que las mujeres tenían prohibido hacerlo dentro de los templos, salvo en los monasterios femeninos. Por este canto milenario, la luz de las sibilas sigue todavía viva en voz y figura femenina.</p>
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