Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

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Ansiedad / Angustia
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Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

lunes, 3 de agosto de 2026

Las espiritualidades cristianas del Medievo occidental


<h4><i>Los prejuicios culturales e históricos sobre el medievo están en caída y en nuestros días las espiritualidades de aquel tiempo parecen interpelarnos con renovada energía. Este artículo busca ofrecer algunas primeras consideraciones sobre cómo hemos pensado, imaginado y redescubierto el mundo medieval y sobre cómo sus formas espirituales, por pura necesidad, están siendo permanentemente reecontradas en nuestro tiempo.</i><span></span></h4> <p> </p> <p>Antes de abordar las ricas y diversas vías espirituales que vio florecer el cristianismo del medievo, conviene precisar qué entendemos precisamente por el término «medieval» y cómo este concepto nos interpela en nuestro tiempo.</p> <p>Es esta una palabra revestida de subjetividades. Desde su aire oscurantista hasta su pátina romántica, la Edad Media se presenta siempre como un ejercicio de «repensación» de un tiempo pasado contrapuesto al presente de turno que lo escruta y al más pasado remoto con el cual se le compara. Esto es, al menos, lo que de entrada parece deducirse a la luz de la historiografía. Algo semejante ocurre con los grandes estilos artísticos que resumirían lo que hemos asumido como «Baja Edad Media»: el románico y el gótico.</p> <p>Resulta particularmente interesante atender a este último término, cuya acuñación ocurrió durante el Renacimiento. En aquel entonces los artistas e intelectuales, claramente muy satisfechos de sí mismos y de los logros de su tiempo, se permitieron juzgar con desprecio al arte medieval. Así, pretendieron insultar a joyas de la arquitectura universal como Notre Dame de París o a la Catedral de Colonia denominándolas «góticas» esto es, hechas por bárbaros, por gentes brutas e incultas… tal cual imaginaban a los pueblos godos o góticos, responsables de la destrucción del luminoso Imperio Romano. En la célebre obra<span>  </span><i>Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos</i> (1550), Giorgio Vasari explica a sus contemporáneos –pensando que quizá lo explicó también a la posteridad- que después del fulgor de la Antigua Roma «aparecieron nuevos arquitectos, quienes levantaron, a la manera de sus naciones bárbaras, edificios en ese estilo que llamamos gótico». En la misma obra, el sabio italiano escribe que esa arquitectura no es adoptada por los mejores arquitectos de su tiempo, «sino evitada por ellos como algo monstruoso y bárbaro, carente de todo lo que pueda llamarse orden. Más bien debería llamarse confusión y desorden».</p> <p>Tales prejuicios llegaron hasta la muy luminosa época de la Razón. En aquellos ilustrados tiempos -verdaderos y definitivos portales de la Modernidad- autores como Jean Jacques Rosseau, haciendo uso de su resplandeciente y libre inteligencia -ajena a cualquier prejuicio, qué duda cabe- escribieron sobre los edificios de la Edad Media que «son evidentemente vestigios de barbarie y mal gusto, que subsisten, como los portales de nuestras iglesias góticas, sólo para la vergüenza de quienes tuvieron la paciencia de hacerlos» (<i>Carta sobre la música francesa, </i>1753).</p> <blockquote><p>Y henos aquí, en el primer cuarto del siglo XXI, fascinados todavía con esa idea de la preparación para una verdadera vida, sabiendo que este mundo es, ni más ni menos, un reino intermedio. Permítasenos decirlo de otro modo: Hasta el agotamiento de los tiempos, el ser humano habita el mundo del símbolo, esto es, el mundo intermedio, ese lugar donde es posible el encuentro de las realidades futuras que, en realidad, no son tal, sino que son la manera que tenemos de referirnos a ese <i>Olam HaBá</i>, ese «Mundo por Venir» que, si Dios quiere, posibilitará una vida instalada fecundamente en la Eternidad.</p></blockquote> <p>La nomenclatura de «gótico» sólo empezó a tener cierto atractivo a partir de las decimonónicas y encantadoras novelas que transportaban al lector a mundos de leyenda y misterio inspirados en tiempos pasados más o menos fantasiosos.</p> <p>Hubo, sin embargo, algún autor audaz que hizo justicia con lo que aquellos santos edificios fueron y, esto es lo mejor de todo, sin renunciar al concepto gótico. A colación de esto, resulta interesante la obra del enigmático Fucanelli <i>El misterio de las catedrales,</i> cuya primera edición data de 1926, un tiempo en el que lo gótico aún se encontraba revestido del ingenuo encanto romántico literario cuando no de los prejuicios modernos.</p> <p>En esta formidable obra alquímica, su autor (o autores) nos explica que, si atendemos a la voz del pueblo, la verdad brota de forma inmediata y nos ofrece la auténtica etimología. Escribió nuestro autor en la referida obra que <i>«Para nosotros, arte gótico no es más que una deformación ortográfica de la palabra argótico, cuya homofonía es perfecta, de acuerdo con la ley fonética que rige, en todas las lenguas y sin tener en cuenta la ortografía, la cábala tradicional. La catedral es una obra de arth goth o de argot. Ahora bien, los diccionarios definen el argot como “una lengua particular de todos los individuos que tienen interés en comunicar sus pensamientos sin ser comprendidos por los que les rodean”. Es, pues, una cábala hablada. Los argotiers, o sea, los que utilizan este lenguaje, son descendientes herméticos de los argo-nautas, los cuales mandaban la nave Argos, y hablaban la lengua argótica mientras bogaban hacia las riberas afortunadas de Cólquida en busca del famoso Vellocino de Oro» </i>(2014, pp. 54 y 55).</p> <div style="width:618px;"><img src="https://elhombreylodivino.com/wp-content/uploads/2026/08/01.-Fulcanelli.png" alt="" width="608" height="384"><p>«El misterio de las catedrales», Fulcanelli. Detalle de la portada de la primera edición.</p></div> <p>El argot, esto es, el arte gótico, es el lenguaje iniciático que le pertenece a una minoría. Así es también para nosotros, que somos igualmente marginales y populares pero que nos esforzamos por conocer esa forma especial de hablar y de comunicar la Verdad, ese modo que la verdadera intelectualidad (que es siempre espiritual) ha expresado desde el principio de los tiempos y que el pueblo ha preservado. Sí, muchas veces las intuiciones de las gentes sencillas se encuentran más cerca de la verdad que guardan los edificios del medievo que quienes pretenden hacer encajar sus eruditas y obtusas opiniones desde sus despachos. Éstos últimos poco o nada saben del espíritu, esto es, de aquello que hizo posible los templos que hoy, gracias a Dios, todavía nos acogen y nos sobrecogen.</p> <blockquote><p>Escribió el Dr. Riu que «no debemos olvidar que la Edad Media fue una época de intensa espiritualidad. El espíritu predominó sobre la vida material incluso en aquellos momentos en que afloraba ya el racionalismo o el comodismo sensual, en que fueron maestros los burgueses. La denominación “Edad Media”, surgió precisamente en aquellos momentos y, en consecuencia, es medieval. Los renacentistas y, más tarde, los autores de manuales, tergiversaron su auténtico sentido»</p></blockquote> <p>Tales consideraciones podrían parecer ingenuamente románticas, pero no lo son. Creemos que en el pasado, ese que no es anteayer, hubo en abundancia algo que ya casi hemos perdido y que anhelamos en nuestros días. Sinceramente, mirar con amor al pasado cuando abordamos estos temas es inevitable. A nuestro juicio el filósofo Nikolái Berdiáyev (1874-1948) fue quien mejor supo explicar esta necesidad cuando escribió que:</p> <p>«El porvenir es sombrío. Ya no podemos creer en las teorías del progreso que sedujeron al siglo XIX, y según las cuales el próximo porvenir debe ser cada vez mejor, más bello y más amable que el pasado que se aleja. Más bien nos inclinamos a creer que lo mejor, lo más bello y más amable se encuentra, no en el porvenir, sino en la eternidad, y que también se encontraba en el pasado, porque el pasado miraba a la eternidad y suscitaba lo eterno» (<i>Una nueva Edad Media. Reflexiones acerca de los destinos de Rusia y Europa</i>, 1933, p. 10).</p> <p>Sí, la eternidad. La eternidad que se refleja en el tiempo y en sus obras. Eso es lo que tenemos, un reflejo maravilloso que orienta nuestra búsqueda hacia aquello que permanece siempre y de lo cual dependemos por completo. Sí, aquí estamos de paso, como en un peregrinar que sirve como ocasión para acceder conscientemente y de facto a esa eternidad.</p> <p>La Edad Media tuvo una gran conciencia sobre este estado transitorio e intermedio de la humanidad. Es importante insistir en esto porque el nacimiento del término «Edad Media» siempre se nos presenta como otro concepto sesgado por la mirada moderna. Historiadores como el alemán Christophorus Cellarius, a finales del siglo XVII, fueron quienes formalizaron la división tripartita de la historia (Antigua, Media y Moderna), dándole a la época central el nombre exacto de <i>Media Aetas</i> o <i>Medium Tempus</i>.</p> <blockquote><p>Según estos predicadores y profetas, la Encarnación del Verbo puso fin a la antigua Ley, pero no estableció en este mundo «el reino de Dios». En consecuencia, el «tiempo presente» -la vida en este mundo- no era más que una edad intermedia, un <i>medium evum</i>, en que el hombre se debatía entre el pecado y la penitencia, para alcanzar y gozar después de la muerte una auténtica vida, en la «edad definitiva».</p></blockquote> <p>Esta forma de presentar la historia puede parecer neutra y meramente cronológica pero, en realidad, viene de un prejuicio que nace de la pluma de Francesco Petrarca. El insigne poeta humanista, en su legítimo afán por restaurar el esplendor de la Antigüedad clásica, describió el milenio posterior a la caída de Roma como una oscura etapa de profunda decadencia cultural e intelectual. La mirada despectiva de Petrarca inauguró el bulo de los siglos oscuros, condicionando la historiografía occidental durante generaciones.</p> <div style="width:468px;"><img src="https://elhombreylodivino.com/wp-content/uploads/2026/08/02.-Petrarca.png" alt="" width="458" height="579"><p>Retrato de Francesco Petrarca. Grabado anónimo.</p></div> <p>¿Pero qué implica realmente ese <i>Medium Tempus</i>? Podemos hacer una revisión de esa idea, una revisión amparada incluso por historiadores perfectamente académicos como el arqueólogo Manuel Riu. De cierto un insigne catedrático de arqueología no tiene el mismo perfil que el de un enigmático y brumoso alquimista ¿nos creerán ahora los muy académicos? Escribió el Dr. Riu que «no debemos olvidar que la Edad Media fue una época de intensa espiritualidad. El espíritu predominó sobre la vida material incluso en aquellos momentos en que afloraba ya el racionalismo o el comodismo sensual, en que fueron maestros los burgueses. La denominación “Edad Media”, surgió precisamente en aquellos momentos y, en consecuencia, es medieval. Los renacentistas y, más tarde, los autores de manuales, tergiversaron su auténtico sentido» (<i>La vida, las costumbres y el amor en la Edad Media</i>, 1959, p. 15).</p> <p>Según el profesor catalán, esa expresión proviene del vocabulario usado por los «profetas» más o menos ortodoxos que, desde fines del siglo XIII en especial, «arrebataban hacia las esferas de la espiritualidad a los burgueses y a los campesinos avivando sus almas inquietas».</p> <p>Según estos predicadores y profetas, la Encarnación del Verbo puso fin a la antigua Ley, pero no estableció en este mundo «el reino de Dios». En consecuencia, el «tiempo presente» -la vida en este mundo- no era más que una edad intermedia, un <i>medium evum</i>, en que el hombre se debatía entre el pecado y la penitencia, para alcanzar y gozar después de la muerte una auténtica vida, en la «edad definitiva». Tal era el fin del hombre y, en consecuencia, a él debían tender todos sus actos.</p> <p>Y henos aquí, en el primer cuarto del siglo XXI, fascinados todavía con esa idea de la preparación para una verdadera vida, sabiendo que este mundo es, ni más ni menos, un reino intermedio. Permítasenos decirlo de otro modo: Hasta el agotamiento de los tiempos, el ser humano habita el mundo del símbolo, esto es, el mundo intermedio, ese lugar donde es posible el encuentro de las realidades futuras que, en realidad, no son tal, sino que son la manera que tenemos de referirnos a ese <i>Olam HaBá</i>, ese «<a href="https://elhombreylodivino.com/category/otro-mundo/">Mundo por Venir</a>» que, si Dios quiere, posibilitará una vida instalada fecundamente en la Eternidad.</p> <p>Sí, esto nos interesa, nos fascina… nos arrebata. ¿Cómo explicar si no tantos estudios durante las últimas décadas sobre la visionaria <a href="https://www.trotta.es/autores/hildegarda-de-bingen/194/">Hildegarda de Bingen</a>, el desasimiento del maestro Eckhart, las leyendas medievales en torno a María Magdalena o las visitas encantadas por claustros medievales de monasterios y catedrales? Sí, la espiritualidad medieval nos llama y no podemos más que responder. Este artículo es el primero de otros que vendrán para dar respuesta a ese eco que, aún hoy, recorre como un viento fresco y renovador nuestro mundo posmoderno.</p> <p></p> <p><a href="https://elhombreylodivino.com/las-espiritualidades-cristianas-del-medievo/" target="_blank">- Enlace a artículo -</a></p> <p>Más info en https://ift.tt/1xP6lhc / Tfno. & WA 607725547 Centro MENADEL (Frasco Martín) Psicología Clínica y Tradicional en Mijas. #Menadel #Psicología #Clínica #Tradicional #MijasPueblo</p> <p>*No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos. No todo es lo que parece.</p>

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